Qué raro.
No creo que sea normal que haya una trampilla debajo de una alfombra de debajo de una cama. Al menos no está guardada con un perro de tres cabezas, como en Harry Potter.
Me pregunto qué hará una trampilla debajo de la cama.
¿Un secreto de la organización, quizás?
O alomejor está ahí esperando a que yo encuentre lo que haya que encontrar.
Quién sabe.
Pero yo no soy de las que se piensan mucho las cosas, ¿sabes? Así que no pienso más y me pongo manos a la obra.
Con mucho esfuerzo, muevo la cama a otra parte de la habitación y la zona en la que está la trampilla queda totalmente despejada.
Suspiro. Tengo una trampilla secreta que probablemente contiene un millón de secretos delante de mí y no la abro.
¿Por qué ?
Pues no lo sé.
Mi corazón me late con fuerza.
Por fin llega el momento, abro la trampilla cuidadosamente y con mucho esfuerzo y me preparo para que salgan arañas y todo tipo de bichos. Sin embargo, no sale ningún bicho.
Mejor.
Muchísimo mejor.
Me dan muchísimo pánico los bichos.
Me dan miedo pocas cosas, pero los bichos me dan asco, muchísimo asco.
Pero hay polvo, así que estornudo.
Hay unas largas escaleras que bajan hacia abajo, a los sótanos, y me pregunto qué puede haber ahí abajo. Sin duda algo raro. O tal vez no haya nada. Está muy oscuro. Son las 12:30, queda aún una hora y media para ir a comer, así que decido dejar la explicación para después de la comida.
Bajo la trampilla.
Vuelvo a colocar la alfombra y la dejo donde estaba. También vuelvo a colocar la cama con mucho esfuerzo.
Miro la ropa que hay en el armario para ponerme ropas limpias para ir a comer, no soy una guarra; unas cuantas sudaderas de mi estilo, unos cuantos vaqueros y algún vestido. Ropa interior en el primer cajón y algún collar en el segundo. Hay un zapatero abajo del todo y miro a ver qué zapatos hay.
Rojos, azules, sandalias, zapatillas, con tacón, bailarinas, amarillas, rosas, chanclas, zapatillas de ir por casa...
En fin, muchísimas.
En un vestido rojo con encaje hay una nota.
Leo la nota.
Este vestido pontelo para ir a comer. Mey~
Vale. Pues me lo pongo.
Me puse el vestido y me miré en el espejo. Me senté en la cama y empecé a teclear la BlackBerry. En seguida la entendí. Me gusta el teclado de la BlackBerry. Es fácil de escribir. Creo que en seguida me adaptaré al móvil nuevo. Me gusta. Me descargo un programa para descargar música y me bajo un montón de canciones; me entretengo jugando a un juego muy raro, tienes que disparar a unos marcianos y coger unos rombos verde claro con círculos azules partidos dentro. Los rombos son como las vidas del juego. Esté juego ya estaba instalado. Ya era casi la hora de cenar, así que, internadome en miles de pasillos fui a la misma sala de antes. Allí estaba Mey, que me miraba con una sonrisa en la cara, contenta de que me hubiese puesto el vestido rojo. - Tu color favorito es el rojo, ¿no? Te sienta muy bien ese vestido. Me gusta. - Sí. Gracias. - Qué sosa. Mey me tiró una linterna de color rojizo y me dijo que era para ver en la oscuridad de los pasadizos. Nota mental; puedo utilizarla para indagar debajo de la trampilla. Sigo a Mey hacia el comedor, alumbrado los pasillos con la linterna en la mano. Llegamos al fin a una estancia llena de mesas y sillas, y una barra de bar tan grande como la del instituto. En las paredes hay fotos muy bonitas de comida, ensaladas de lujo, hamburguesas, pastas con queso, tomates frescos y muchísimas comidas más. Nos sentamos en una mesa y esperamos, no sé a qué. Decido no decirle nada de la misteriosa trampilla hasta después de haberla explorado, y después ya vería lo que hacía al respecto. Me pregunto por qué no estaba Serte, pero me callo de momento. De primer plato, macarrones con carne, tomate, queso parmesano rallado, atún y más salsas riquísimas, pero no sé cómo se llaman o cuáles son. De segundo una ligera ensalada, con salsa de miel y mostaza, riquísimo, y de postre una manzana rallada espolvoreada en un trozo de melón. Entonces me decido a preguntarle por él. - ¿Dónde está Serte? - Está trabajando en una operación de la organización. - ¿Y qué es eso? - Un asunto de alto secreto. Me sonríe y se marcha. Desaparece por la puerta. Siempre que me quiere ocultar algo, sonríe. Me pregunto sí ella sabe de la existencia de la trampilla. Suspiro, y me tomo mi tiempo en salir del comedor e irme a mi habitación. Deambulo por los pasillos lentamente, con la linterna roja en la mano, y al final llego a la puerta de madera con mis iniciales. Abro la puerta y me meto dentro. Me pongo un chándal cómodo y viejo que encuentro en el armario, que parece estar hecho especial para la ocasión, pongo el pestillo y quito la cama y después la alfombra. Suspiro. El corazón me va a mil por hora. Estoy muy ansiosa por saber qué es lo que hay ahí abajo, sí es que hay algo. Levanto la trampilla y empiezo a bajar los escalones. Está todo lleno de polvo y telarañas y estornudo dos veces. Me acabo de acordar de que soy alérgica al polvo. Espero que no me salgan manchurrones y me hinche como un globo. El interior del pasadizo estaba muy oscuro. Mi linterna, sin embargo, penetra en la oscuridad y ne permitía ver perfectamente el camino. Tal como yo creía, en el camino habían muchísimas piedras, rocas y minerales brillantes. Las piedras del suelo parecían mojadas. Me dije a mí misma que cuidado, porque aquí las piedras son muy resbaladizas. Se oye un leve rumor de agua que corre. Se está muy fresco, me alegro de haber cogido el chándal de manga larga gris. Se me resbala el pie y se me mete en agua helada. Así que hay una especie de riachuelo a mi izquierda. Alumbro donde he metido el pie y lo veo, un pequeño riachuelo corría por el foso, con cornisas de roca a los lados. Mi corazón latía con fuerza. Todo esto era muy emocionante. Siento una corriente de aire sobre mi cabeza; eso significa que estoy llegando a una especie de caverna. Cada vez que avanzo noto más la corriente. En efecto, un unos minutos me encuentro en una cueva bastante grande. Me pongo a indagar en la cueva pero no veo nada interesante. Entonces me dejo caer sobre una roca, y ésta se desploma como si me hubiera sentado sobre una caja de cristal. Doy un sobresalto y en seguida veo que entre un montón de rocas esparcidas, hay un libro, e incrustado en la tapa, un bello colgante de un rombo verde claro con un círculo partido azul, que cuando lo mirabas, era como si te hipnotizara. Recojo el libro, preguntándome qué contendrá, recojo también la linterna y emprendo el camino de regreso. Es muy raro, sentarte encima de una roca y que se derrumbe, encontrar un libro dentro y con un colgate hipnotizante en la tapa. Hecho una última mirada a la caverna y veo algo que no logré ver antes, un resquicio oscuro en una esquina de la cueva. Vuelvo a entrar y me dirijo hacia donde había visto el hueco. Meto una mano y no toco nada. Meto un pie y no tropieza con nada. Al final, me rindo y consigo meterme toda por el resquicio y salgo a una cueva todavía más grande, con símbolos iguales que el símbolo hipnotizante que tenía el collar. Un rombo verde claro con un círculo azul partido dentro. Muy hipnotizante. Observo la estancia durante un buen rato, toco todas las paredes, para ver si hay algún pasadizo secreto, pero no encuentro nada más que polvo y estornudos por mi parte. Me acabo de acordar de que soy alérgica al polvo. Uf; espero no llenarme de ronchas rojas y hincharme como un globo. Eso sería espantoso. Sigo avanzando un poco más por la estancia oscura, iluminada por unas antorchas marrones colgadas en las paredes. Escucho un leve rumor. El leve rumor se convierte en un ruido de pasos. El ruido de pasos se convierte en una voz. Una voz familiarmente conocida. Una voz cálida y agradable. Una voz que te envuelve. - ¿Sigues siendo alérgica al polvo, Nana? Me estremecí al escuchar esa voz. $NANA$
Perfecto. Adoro tu blog sigue!!
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ResponderEliminar¿Quién lee esta historia no puede imaginar que el autor es un joven de sólo 13 años de edad. Es bueno leer, mantiene la atención. Texto claro, rico en detalles que demuestran la sensibilidad de la mirada vigilante de un joven sobre el mundo que te rodea. Potencial narrativo del autor es enorme, incluso para cortometrajes y largometrajes de script o novelas. Talento poco común que se encuentra en estos días, en cualquier parte del mundo, para una persona con una edad tan joven. Escribir y publicar es un acto de valentía. Además, en un blog. Su futuro es brillante.
ResponderEliminarMuchísimas gracias ;) un besoo
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