Me doy la vuelta.
Huele a coco.
No logro verle del todo, así que le alumbro con mi linterna.
- Si soy alérgica al polvo no es cosa tuya.
Y me alejo corriendo de allí.
Sé perfectamente quién és.
Pero tardo bastante en reconocerle, es raro verle por allí.
No me gusta aquel tipo.
Aunque parece agradable, tiene una mirada fría y calculadora.
Tiene una voz cálida y suave como el algodón.
De pronto, una mano me agarra del hombro.
Dejo escapar un grito.
- Has tardado mucho en descubrir la trampilla, Nana. Te estaba esperando, Nana. No sabes los siglos que he estado esperando. Por verte.
Yo supongo que aquello de 'siglos' era de broma, una exageración muy grande.
Estaba muy claro que no me había estado esperando siglos, es una leve ironía. Se me escapa una risita al pensar que es un ser milenario. Me mira con cara de extrañado.
- ¿De qué te ríes, Nana?
- De nada- digo con una sonrisa de pilla-.
- Como iba diciendo, tú y yo somos seres totalmente compatibles, somos iguales en todo, Nana. Estamos hechos para vivir juntos, y lo sabes.
- Tú eres el que me arruinó mi primera mañana de instituto, ¿no? Déjame en paz. Si tanto me conoces, sabes que todo esto me está superando, déjame vivir mi vida en mi pobre orfanato, deja de mirar mi pasado, no me hurgues en mis heridas.
- Tú y yo podríamos ser grandes, Nana, y lo sabes. Juntos...
- No me irás a decir que juntos dominaremos el mundo, ¿no? eso está ya muy pasado de moda, y además, tú lo has dicho, podríamos.
-Sí que podríamos dominar el mundo, pero no es lo que tengo en mente.
- ¿Y qué es lo que quieres hacer conmigo?
-De tí solo quiero una cosa, que seas mi chica.
- Mira... voy a contarles a Serte y a Mey que estás aquí, y te echarán de aquí, así no volverás a verme ni a decir esas tonterías.
-Nana...
-Ni una palabra más. me voy.
Echo a correr para volver al resquicio y salir por donde había venido, y justo cuando iba a meterme por el resquicio, escucho una voz a lo lejos.
- No me van a echar, Nana.
-¿Porqué?
-Por que yo soy el jefe de la organización, Nana.
Suspiro.
Seguro que está mintiendo.
Si no, ¿cómo puede ser eso?
-Me estás vacilando, ¿verdad?
-De ninguna manera, Nana.
-Sí, me estás diciendo eso para que no vaya a contárselo a Mey y Serte.
-No. Ves a contárselo y verás lo que te dicen.
-Eso es justamente lo que voy a hacer.
Me meto por el resquicio y echo una última mirada a ver si se escapa.
No había nadie allí.
Me sorprendo mucho y sigo corriendo para llegar antes de que se escape.
tropiezo muchísimas veces y caigo dos, pero me destrozo todo el chándal.
Llego corriendo a la sala común y encuentro a Mey fumándose un cigarrillo y me miró no muy sorprendida.
-Me imagino donde has estado, ya era hora, pero, ¿cómo es que llevas la ropa así? Voy a hacerte otro chándal en cuanto pueda, pero no será igual. ¿Le has visto?
- ¡SIII! Justamente venía corriendo para decirte que hay un intruso en los sótanos, debajo de la trampilla, pero cuando eché un vistazo rápido, me di cuenta que se había esfumado sin hacer ruido.
-Ays, este Carlos sigue igual.
- Pero corre, ¿no vas a echarle?
Mey suelta una carcajada.
-Claro que no, Nana tonta. Es el jefe.
Entonces era verdad.
No me estaba mintiendo, si no que decía la verdad.
Me siento tonta.
- ¿En serio que es el jefe? No me estaréis gastando una broma, ¿no?
-Claro que no. En serio.
Mey se pone seria, entonces entiendo que lo dice de verdad y que no es una broma de mal gusto.
-¿Qué estás fumando?
-No es para niñas.
Me enfado. Tengo dieciséis años, ya no soy una niña.
Entonces se huele en el aire un aroma inconfundible de coco.
Está ahí. Ese Carlos.
- Pero... ¿cómo?
- Tenemos nuestros trucos, preciosa.
-No me llames así.
Me enfado de verdad, no tiene ningún derecho a llamarme así.
Saca un paquete de cigarros del bolsillo de su pantalón vaquero y le prende fuego a uno.
-Nana, eres muy complicada...De verdad.
-Sí, es verdad, en tus otras seis vidas fuiste más fácil de conseguir, pero también eras más lista que ahora.
Balbuceo.
No entiendo nada.
-¿Qué estás diciendo?
-Que en tus otras seis vidas eras más lista, pero un poco más fea. Me alegro y me entristezco de ver en qué cuerpo te has reencarnado esta vez.
Yo no entendía absolutamente nada.
Miro extrañada a Mey y a Carlos, esperando a que me expliquen de qué están hablando.
No entiendo absolutamente nada.
Suspiro.
Hay demasiadas cosas que no entiendo.
Y eso que sólo ha pasado un día desde que hice novillos en el instituto.
Al fin, Carlos habla.
- Bueno, hay que contarte la historia, claro.
Suspira.
Respira.
Y empieza a narrarme una historia verdaderamente increíble.
Realmente fantástica.
"Tú y yo éramos felices y estábamos enamorados. Estábamos casados.
Éramos dioses. La diosa del dolor tuvo envidia, pues estaba enamorada de mí, y te embrujó. Te hechó una maldición. Y tú fuiste creada después de siglos para complementarme a mí. Eres mi media naranja. Tú eres la diosa de los muertos.
En la maldición decía que tú, la diosa de los muertos, después de reencarnarte en seis personas, a la séptima dejarías de reencarnarte.
Sólo entonces, podríamos...
Volveríamos a ser felices.
Y un pequeño detalle; somos inmortales. "
Me dedica una de sus perfectas sonrisas.
No me puedo creer ese relato. Yo, ¿la diosa de los muertos? Eso explica la capacidad que tengo de hablar con los muertos.
Decido creer la historia.
Suspiro.
Él tendría que haber sufrido muchísimo, es inmortal.
Soy la diosa de los muertos.
Y el bombón que tengo delante es mi media naranja.
Estoy de suerte, ¿no?
Suspiro otra vez.
- Y Mey y Serte, ¿porqué dicen que están esperando durante siglos? ¿ellos también son inmorales?
-Sí. Más o menos. En realidad...
- Yo soy Einstein - interrumpe Serte - pero sígueme llamando Serte, me gusta más. Mi nombre real suena a herramienta.
- Pero... ¿cómo?
- Y yo soy una antigua modista, a ver si adivinas quién soy. Mejor te lo digo ya, no lo vas a adivinar. Soy Coco Chanel. Encantada. Pero llámame Mey.
-Estoy flipando. Pero ¿cómo?
- ¿Aún no lo has entendido? Carlos tiene el poder de reencarnar a los muertos.
Casi me entra una mosca en la boca.
$NANA$
No hay comentarios:
Publicar un comentario