miércoles, 30 de octubre de 2013

Scene 15

Con un escalofrío por el cuerpo me digo a mí misma que ya iba por la pista. Si los pájaros empiezan a graznar es buena señal, ¿no? Quito todo el polvo ensuciándome las manos a más no poder.
Entonces es cuando se empezaban a distinguir unos carácteres escritos en la mesa. 
Cuando ya había sacudido todo el polvo‚
puedo leer grabado en la piedra de la mesa unas palabras extrañas, unas palabras que recordaba haberlas visto antes en alguna parte.
Señalaban lugares, como indicando cómo se va a los lugares señalados. Habían cuatro flechas que señalaban distintas zonas, todas apuntando a un lugar en concreto y con un nombre encabezándolas. 
Señalaba exactamente cuatro direcciones, norte, sur, este y oeste.
En la norte ponía: 
Pôle du  Nord
En el del sur rezaba:
Naranjus
En el este estaba escrito:
Chantée
Y por último, el oeste decía así:
Placé trois
Exactamente lo que decía en el pergamimo.
Todo encajaba.
Mi pecho latía rápidamente.
Estaba embriagada por la emoción.
Me envolvía un aire misterioso que soplaba hacia el norte.
Respiro hondo, lo necesito.
Ahora quedaba averiguar el índice de la cuestión.
El móvil del misterio.
Siguiendo la dirección norte, había una rampa poco empinada que llevaba hacia el pueblo, pero bajando más empinadamente por un lado, podías llegar a unas escaleras un poco escondidas entre la maleza, que te conducían a una puerta, una gran puerta de madera, una gran puerta de madera que estaba justamente donde señalaba la flecha del Norte.

No me lo pienso dos veces; voy casi corriendo hacia la rampa empinada escondida entre la vegetación y la bajo con el trasero en tierra. 
Llego a las escaleras. Las bajo corriendo, poseída por la emoción, y casi caigo en varias ocasiones.
Me limpio el trasero con las manos y me pongo manos a la obra, aunque en realidad no sé que tengo que hacer, ¿Abrir la puerta? ¿Descubrir un pasadizo secreto? Ya nada me extraña.
Empiezo con un reconocimiento básico; la exploro, toco todos los rincones (sin importarme, rara cosa, de que haya bichos) y de golpearlos levemente.
Nada raro, ningún bicho a la vista ni nada importante. Me doy la vuelta dándome por vencida, cuando escucho un extraño ruido que hace que, como por un resorte, gire la cabeza para ver de dónde procede aquel ruido.
Entonces descubro quizás un poco atemorizada, que la puerta estaba abierta.
Doy un salto para atrás, me he dado uno de los sustos más grandes de mi vida.
Una suave voz de dentro de mi cabeza me invitaba a entrar, y otra voz, esta en un tono más grave, me decía que no entrara.
Al final tuve que hacer de intermediaria entre las dos voces, y, aunque estuve cerca de aceptar a la voz grave, mi curiosidad se decidió por la voz aguda, suave y aterciopelada, aunque algo de dentro de mí me decía que estaba en un error, que después la voz se tornaría bruja, que su apariencia angelical se podía convertir de un momento a otro en una voz desgarrada y fea.
Me adentré en la estancia.
Aparte de las telarañas (¡quién sabe cuántos bichos habría!) no había gran cosa. A la derecha había una mesa de madera rectangular pegada a la pared, cubierta de terciopelo rojo sangre, con un espejo dorado viejo encima de ésta. 
Los suelos estaban cubiertos de una moqueta color rojo vino, parecida al terciopelo que cubría la mayor parte de los muebles.
A la izquierda, una armadura de caballero     montada siniestramente con espada en mano, oxidada por el paso del tiempo.

Frente a mí, unas escaleras subían al piso de arriba. Decidí subirlas.
En la entrada del piso superior, colgaba peligrosamente del techo una lámpara araña de cristal, una reliquia hoy en día.
No había nada más.
De repente, un susurro casi imperceptible llega a mis atentos oídos, y vuelvo la vista detrás, hacia la penumbra.
Entre la oscuridad distingo una sombra que avanza lentamente hacia mí.
Aterrorizada veo que, debido al miedo o a la fascinación, me quedo quieta donde estaba, mientras la sombra avanza casi tímidamente, pero respetablemente a un paso lento, que sólo hace ponerme más nerviosa de lo que ya estaba.
Mientras avanza, hace un ruido metálico como si de cadenas se tratase, lenta pero concienzudamente.
Llega pronto el momento que nos situamos la sombra enfrente mía, y yo, moviendome lentamente hacia atrás, para situarme fuera de la oscuridad, debajo de la lámpara de araña, para poder distinguir mejor a la sombra que me seguía.
Noto que un dolor de cabeza se apodera de mí, pero logro resistir unos instantes, que aprovecha la sombra para alargar una mano huesuda de la oscuridad hacia mí, y yo, inconscientemente retrocedo, creyendo que me iba a coger del cuello o algo parecido, pero, extrañamente, me coge la mano y deposita en ella un objeto extraño, un objeto que, antes de poder haber averiguado que era, caí desmayada a la moqueta color rojo sangre, inconsciente.

***

Al despertarme, creía que había sido todo un largo sueño, pero, después, al mirar la estancia en la que me encontraba, me cercioné de que había sucedido de verdad.
Aún estaba tumbada en la moqueta, y con el objeto que me había entregado la sombra en la mano.
Sin poderme resistir más, abro la mano y examino el objeto extaño; era una especie de tabla de madera en forma de escarabajo. 
¿Para qué quería yo un escarabajo de madera?
Vuelvo a mirarlo, sin descubrir nada nuevo.
Me lo meto en el bolsillo y empiezo a moverme, tenía que encontrar la salida rápidamente, porque me producían unos escalofríos extraños el estar allí.
Decidí volver desde donde había entrado. Bajé las escaleras y me dirijí a la puerta.
Tenía un cerrojo. 
Maldecí para mis adentros y subí a la planta de arriba. Todo seguía igual, sin ningún indicio de presencia humana o inhumana, y me puse a buscar la salida.
Tiré de todos los candelabros, pero nada. En las mansiones así siempre había una salida secreta, y yo tenía que averiguar donde se encontraba.
Estaba ya perdiendo las esperanzas de poder salir de allí cuando, al tocar el boliche de la punta de la barandilla de las escaleras, una trampilla escondida debajo de mis pies, se abrió y yo caí y caí  al vacío.

$NANA$

domingo, 27 de octubre de 2013

Scene 14

Quito la cinta con muchísimo cuidado, no sea que se rompa el pergamino o algo parecido.
Lo abro completamente mientras el corazón me va a cien. 
Entonces me doy cuenta, un enigma como éste no era fácil de descubrir, y el interior del pergamino me lo acababa de confirmar. 
 Suspiro.
 En él estaban impresos unos extraños símbolos que no pertenecían a la época actual, de eso estoy completamente segura, y unas palabras que debían estar en otro idioma porque yo no las entendía. 
Exactamente estaba escrito esto en el pergamino:
 Naranjцs 
 ртьддьтоооллвбцжх 
 Sur de la gran mère. ьчжфїтщщщщуицтшчт 
 Pôle du nord.
 Placé trois 
 шщцизбцьоштцьудзашту роцтідчщщвтуттущчннвбя или 
 chantée.
 Ьфєд ліллі щурі од бг озза уві лссдьв люд ілах 
 Justo entonces es cuando se abre la puerta de mi habitación. 
Era David. 
Y me había pillado con las manos en la masa. 
- Sabría que pronto lo encontrarias, aunque era difícil hallarlo. 
- No sé de qué me hablas. 
- Yo creo que lo sabes perfectamente. 
 Y se sienta a mi lado, y yo, aún con el pergamino en la mano, trato de esconderlo en vano. 
Me coge de la mano justo cuando iba a meterlo entre las sábanas y me espeta: 
 - No estoy ciego, Nana. 
Y ahora sé que me está mirando a los ojos, pero yo bajo la vista y miro al suelo, como un perro arrepentido. 
 - La única pista que te puedo dar sobre el pergamino es que tienes que descubrirlo tú sola, nadie de aquí te puede ayudar.
 Suspiro. 
- Pero aquí yo sola no puedo entender el pergamino, no soy experta en simbología y tampoco tengo medios para hallar lo que busco. 
 - Eso es fácil de arreglar. 
Se levanta y se dirije hacia la puerta. No reacciono. 
- ¿ Vienes o qué ? 
Me levanto de la cama y voy con él. Me lleva por un amplio pasillo con suelos brillantes y paredes de roca, y al final llegamos a la obertura. 
Para mi sorpresa, hay una puerta, porque yo creía que tenía una obertura y ya, como los de hace mucho tiempo. Entonces me lleva por un camino trazado en el suelo, siguiendo las marcas de tiza azul de algunas rocas. 
Al final llegamos a un lugar extraño, un castillo gigante a medio derruir y después una gran roca de color anaranjado.
 - Quédate hasta cuando necesites. Ten. Y me lanza una mochila que pesaba bastante. 
  - Si piensas un poco tendrás techo para poder dormir. Ahí tienes comida y el pergamino. Tienes todo el tiempo del mundo. Cuando quieras puedes empezar.
 Y acto seguido vuelve por el mismo camino hacia donde habíamos partido.
 - ¿ Empezar ? ¿ A qué ?
 David se lleva una mano a la cabeza y se señala la sien. 
Humm. 
 Me quedo mirando la silueta de David hasta que se pierde en el camino. Primero decido mirar qué contiene la mochila. Una manta calentita, comida aproximadamente para tres días, una linterna, una navaja, y algunos utensilios más para la supervivencia. Echo un vistazo rápido a los alrededores. 
Aparte del viejo castillo medio destruido hay una gran roca naranja enfrente y un poco más a la derecha de la roca hay una especie de jardín y al otro lado un descampado con viñas. 
Decido primero explorar el ruinoso castillo.
 Entro por unas escaleras de bajada medio derruidas, así que voy con cuidado. 
Entonces las escaleras dan paso a una gran sala abierta sin techo que en sus tiempos anteriores, cuando aún no estaba habitada con cuervos y urracas, el gran comedor.
 Estoy un rato explorando el gran comedor. No encuentro nada interesante, así que voy a la sala de calderas. 
 Allí tan sólo encuentro una gran chimenea y una gran sala, más pequeña que el comedor, sin techo. 
Me meto dentro de la chimenea a explorar.
 No encuentro nada interesante . 
Iba a salir cuando veo un trozo de papel arrugado en el interior de un hueco de un ladrillo. 
Lo cojo, esta vez, sin pararme en pensar si tiene bichos. En él estaban escritas las palabras " Sur de la gran mère " Igual que en el pergamino. 
Hum. 
¿ Qué diablos significa eso ? Es francés, de eso estoy segura.
 Sé por aproximación que gran es grande y mère es madre. 
O sea que significa algo sobre una gran madre. Pues de momento no he visto ninguna madre grande. Ahora me salgo del castillo, no hay nada más que explorar. En cuanto salgo me encuentro con una roca de color anaranjado y un montón de piedrecitas del mismo color anaranjado a su alrededor. Detrás de las rocas hay árboles y bosque. Me voy hacia la derecha porque a la izquierda hay viñas y campos. Allí encuentro una mesa de granito cubierta de polvo y tierra y vegetación suave alrededor. Entonces tres mariposas absolutamente idénticas se pasan en la mesa. Todas mirando hacia una dirección. Hacia el norte, exactamente. Me giro hacia donde están mirando ellas. Hay una bajada, aparentemente sin escaleras ni nada, que baja hacia un ruinoso banco. O lo que podría haber sido un banco. Continúo con lo mío y miro a mi alrededor. No hay nada importante. Una roca aquí naranja, mariposas por allá, pero ninguna gran madre. Suspiro y me siento encima de la mesa. Intento aclararme las ideas pero no lo consigo. Me doy por vencida y me bajo. Detrás mía viene todo el polvo acumulado en la mesa de la parte de donde estaba sentada y entonces me fijo en algo importante que se me había pasado: entre el polvo se distinguian unas letras... Unas letras que exactamente formaban palabras iguales a algunas de las del pergamino. Justo entonces, el cielo que hasta ahora estaba azul, se oscurece rápidamente y las urracas y los cuervos empiezan a graznar. $NANA$

miércoles, 2 de octubre de 2013

Scene 13

De aquella noche no recuerdo mucho. Parecía que me hubieran suministrado un sedante. Recuerdo haber sido transportada a otro lugar, con muchos tramites, y, después, ya me dormí profundamente y tranquilamente en una cama.
De aquello recuerdo poco pero por la noche noté la presencia de alguien mientras yo dormía. Una presencia increíblemente malvada, arisca y que no precisamente quería nada bueno para mí.
Pero aún así, no me desperté.

                                                                     ***


Encima de la mesita de noche esta el puñal, esperando con ansia ser utilizado.
Lo miro con recelo.
No me apetece levantarme de la cama ahora. Estoy muy bien así.
No tengo sueño pero no tengo ganas de levantarme.
Suspiro.
Me levanto.
Me pongo un pantalón cómodo de chándal y una camiseta de manga corta gris.
Desconozco la habitación en la que estoy. No sé dónde estoy. Es una habitación básica, como la de un hotel.
Me siento en la cama. Es azul.
No me siento cómoda. Noto una presencia que no me gusta en esta habitación. Como si fuera a salir algo de las paredes.
Miro a mi alrededor. No hay nada raro, pero no me siento bien.
Miro a los lados y me dejo caer en la cama.
Entonces alguien llama a la puerta.
Toc
Toc
Toc
Toc
Toc
Toc
Toc
............
............
Me decido a abrir la puerta.
Está David.
Con una sonrisa entra.
-¡Buenos días!
-Hola.
-Te veo deprimida.
No le contesto.
Empieza a caminar por la habitación .

- ¿No te gusta tu nueva habitación?
- No es eso.
- ¿Y bien...?
 - ¿Para qué me habéis traído aquí? ¿Quienes sois?
 - Tenemos un único propósito. Protegerse a ti, Nana.
- ¿A mí? ¿Por qué?
 - No seas tonta y no ignores lo obvio.
 Sale de la estancia y cierra la puerta tras de sí.
 Suspiro lánguidamente. Claro que sé a qué se refiere.
Yo tengo una peculiar habilidad, hablo con los muertos. Pero ¿ de qué me quieren proteger o de qué?
 Eso no me lo han dicho.
 ¿Y ahora qué hago?
Me levanto de la cama y exploro todos los rincones de la habitación. No noto nada desigual en las paredes. Todo está aparentemente normal. Tanteo todos los huecos y pego golpes en algunos trozos para ver si están huecos. Llego al lugar dónde está colocada la cama. Está subida encima de un escalón. Eso ya es un poco raro. Golpeo el escalón. Para mi sorpresa, suena hueco.
El corazón me palpita cada vez más rápido.
Ya hacía demasiado tiempo que no descubro nada por mí misma, así que estoy contenta de haber descubierto que el escalón sonaba hueco.
Tanteo el escalón, pero para mi desilusión no descubro nada fuera de lo normal.
Entonces llaman a la puerta.
Corriendo dejo mi actual tarea y me siento en la cama.
- La puerta está abierta.
Entra entonces Mey y me mira con cara rara.
- David me había dicho que estabas triste, y yo no te encuentro la tristeza por ningún lado.
- David miente.
- No, no lo hace.
Me callo, para poder pensar cómo replicar a su contestación.
- ¿Estás segura?
- Completamente.
Me callo otra vez, esta vez no para pensar en cómo responder, si no porque me he fijado que a Mey los ojos se le estaban poniendo lagrimosos, como cuando pelas cebolla.
Se sienta a mi lado, en la cama, y yo decido no preguntar.
Entonces ella se levanta y me dice:
- A la hora de comer vendré a buscarte.
Me encojo de hombros.
Sin preocuparse de cerrar la puerta, Mey sale, y por el ruido que hacen sus pasos adivino que se ha marchado corriendo, seguramente a su habitación o a llorar al hombro de David, quién sabe por qué.
Y yo sigo con mi tarea.
Me arrodillo cuando bajo el escalón y empiezo por segunda vez a tocarlo. Lo golpeo una y otra vez, por todos los lados.
Entonces, cuando iba a dar por acabada mi tarea, me levanto y le pego una patada en un lado al trecho del escalón. Este trozo de escalón se retira lentamente, dejando un círculo perfecto como agujero, donde apenas cabría un palmo de mano.
Ahogo un grito.
Sin pensar, me acerco rápidamente y, cuando iba a introducir mi mano por el agujero, sólo entonces, pensé:
" ¿ Y si hay bichos? " 
Esta suposición me hizo retirar la mano rápidamente y pensármelo dos veces.
Me dan un tremendo pánico los bichos. 
Hecho un vistazo rápido a la habitación a ver si había un guante de látex o algo parecido, aunque sería muchísima coincidencia.
Aunque, para coincidencias, las que había tenido yo en los últimos días.
No había ningún trozo de papel servible.
Entonces pensé:
" ¡Papel de baño! "
Y ahí es, cuando, cutremente, me enrollé el papel de baño en una mano.
La introducí por el orificio y tanteé.
No había nada interesante, era todo plano, era como un hueco rectangular.
Entonces descubrí un bulto, un rollo de... ¿pergamino?
Lo saco.
Es un papel un poco ennegrecido, amarillento, un poco roto por algunos lados y con un lazo azul eléctrico enrollándolo.
De repente, el círculo que había abierto accidentalmente, se cierra silenciosamente, pero yo, no tan silenciosa, pego un grito que no me pude contener.
Entonces, rápidos como el rayo, se presentan en mi puerta unos preocupados y asustados Mey y David, y tal vez con una pizca de temor, pero... ¿ serían estas sensaciones por mí ?
Tocan a la puerta varias veces, pero yo, presa del pánico, no sé qué hacer, pero por suerte estaba echado el cerrojo.
Atemorizada, escucho a David:
- Voy a tirar la puerta abajo.
Entonces por fin reacciono, salgo corriendo y me encierro en el baño.
Escucho unos golpes, es David intentando tirar la puerta.
En el baño hay cerrojo, así que lo corro.
Me desprendo del papel que llevaba en las manos y lo tiro a la papelera, después, agarro el pergamino y lo meto en el armario de cosas de baño.
Entonces grito:
- David, no eches la puerta abajo, ya abro.
Voy corriendo y descorro el cerrojo.
- ¿Por qué has gritado, Nana? Estábamos preocupados por ti.
- Es que estaba en el baño haciendo pis y de repente se ha activado la cadena, sin que yo apretara, y me he asustado, chicos no pasa nada.
Suspiran aliviados y se marchan.
Les he contado una mentira gigante, pero parece que se la han creído, mejor.
Entonces una voz interrumpe mis pensamientos.
- Te llevaré la comida a la habitación, que no podemos ir a comer donde queríamos.
Era la voz de Mey, claro.
- Vale.
Mejor.
Me quedo pensando y al final decido que exploraré el pergamino después de comer.
Al poco rato viene Mey con una bandeja llena de comida, la deja en la cama y me susurra un:
- ¡Bon apetit!
Le doy las gracias y se va.
Suspiro tranquila, como rápidamente y busco el pergamino.
Lo encuentro al poco rato y con él entre las manos, me tumbo en la cama decidida a averiguar el misterio que me traía el viejo, enigmático y misterioso pergamino.