miércoles, 30 de octubre de 2013

Scene 15

Con un escalofrío por el cuerpo me digo a mí misma que ya iba por la pista. Si los pájaros empiezan a graznar es buena señal, ¿no? Quito todo el polvo ensuciándome las manos a más no poder.
Entonces es cuando se empezaban a distinguir unos carácteres escritos en la mesa. 
Cuando ya había sacudido todo el polvo‚
puedo leer grabado en la piedra de la mesa unas palabras extrañas, unas palabras que recordaba haberlas visto antes en alguna parte.
Señalaban lugares, como indicando cómo se va a los lugares señalados. Habían cuatro flechas que señalaban distintas zonas, todas apuntando a un lugar en concreto y con un nombre encabezándolas. 
Señalaba exactamente cuatro direcciones, norte, sur, este y oeste.
En la norte ponía: 
Pôle du  Nord
En el del sur rezaba:
Naranjus
En el este estaba escrito:
Chantée
Y por último, el oeste decía así:
Placé trois
Exactamente lo que decía en el pergamimo.
Todo encajaba.
Mi pecho latía rápidamente.
Estaba embriagada por la emoción.
Me envolvía un aire misterioso que soplaba hacia el norte.
Respiro hondo, lo necesito.
Ahora quedaba averiguar el índice de la cuestión.
El móvil del misterio.
Siguiendo la dirección norte, había una rampa poco empinada que llevaba hacia el pueblo, pero bajando más empinadamente por un lado, podías llegar a unas escaleras un poco escondidas entre la maleza, que te conducían a una puerta, una gran puerta de madera, una gran puerta de madera que estaba justamente donde señalaba la flecha del Norte.

No me lo pienso dos veces; voy casi corriendo hacia la rampa empinada escondida entre la vegetación y la bajo con el trasero en tierra. 
Llego a las escaleras. Las bajo corriendo, poseída por la emoción, y casi caigo en varias ocasiones.
Me limpio el trasero con las manos y me pongo manos a la obra, aunque en realidad no sé que tengo que hacer, ¿Abrir la puerta? ¿Descubrir un pasadizo secreto? Ya nada me extraña.
Empiezo con un reconocimiento básico; la exploro, toco todos los rincones (sin importarme, rara cosa, de que haya bichos) y de golpearlos levemente.
Nada raro, ningún bicho a la vista ni nada importante. Me doy la vuelta dándome por vencida, cuando escucho un extraño ruido que hace que, como por un resorte, gire la cabeza para ver de dónde procede aquel ruido.
Entonces descubro quizás un poco atemorizada, que la puerta estaba abierta.
Doy un salto para atrás, me he dado uno de los sustos más grandes de mi vida.
Una suave voz de dentro de mi cabeza me invitaba a entrar, y otra voz, esta en un tono más grave, me decía que no entrara.
Al final tuve que hacer de intermediaria entre las dos voces, y, aunque estuve cerca de aceptar a la voz grave, mi curiosidad se decidió por la voz aguda, suave y aterciopelada, aunque algo de dentro de mí me decía que estaba en un error, que después la voz se tornaría bruja, que su apariencia angelical se podía convertir de un momento a otro en una voz desgarrada y fea.
Me adentré en la estancia.
Aparte de las telarañas (¡quién sabe cuántos bichos habría!) no había gran cosa. A la derecha había una mesa de madera rectangular pegada a la pared, cubierta de terciopelo rojo sangre, con un espejo dorado viejo encima de ésta. 
Los suelos estaban cubiertos de una moqueta color rojo vino, parecida al terciopelo que cubría la mayor parte de los muebles.
A la izquierda, una armadura de caballero     montada siniestramente con espada en mano, oxidada por el paso del tiempo.

Frente a mí, unas escaleras subían al piso de arriba. Decidí subirlas.
En la entrada del piso superior, colgaba peligrosamente del techo una lámpara araña de cristal, una reliquia hoy en día.
No había nada más.
De repente, un susurro casi imperceptible llega a mis atentos oídos, y vuelvo la vista detrás, hacia la penumbra.
Entre la oscuridad distingo una sombra que avanza lentamente hacia mí.
Aterrorizada veo que, debido al miedo o a la fascinación, me quedo quieta donde estaba, mientras la sombra avanza casi tímidamente, pero respetablemente a un paso lento, que sólo hace ponerme más nerviosa de lo que ya estaba.
Mientras avanza, hace un ruido metálico como si de cadenas se tratase, lenta pero concienzudamente.
Llega pronto el momento que nos situamos la sombra enfrente mía, y yo, moviendome lentamente hacia atrás, para situarme fuera de la oscuridad, debajo de la lámpara de araña, para poder distinguir mejor a la sombra que me seguía.
Noto que un dolor de cabeza se apodera de mí, pero logro resistir unos instantes, que aprovecha la sombra para alargar una mano huesuda de la oscuridad hacia mí, y yo, inconscientemente retrocedo, creyendo que me iba a coger del cuello o algo parecido, pero, extrañamente, me coge la mano y deposita en ella un objeto extraño, un objeto que, antes de poder haber averiguado que era, caí desmayada a la moqueta color rojo sangre, inconsciente.

***

Al despertarme, creía que había sido todo un largo sueño, pero, después, al mirar la estancia en la que me encontraba, me cercioné de que había sucedido de verdad.
Aún estaba tumbada en la moqueta, y con el objeto que me había entregado la sombra en la mano.
Sin poderme resistir más, abro la mano y examino el objeto extaño; era una especie de tabla de madera en forma de escarabajo. 
¿Para qué quería yo un escarabajo de madera?
Vuelvo a mirarlo, sin descubrir nada nuevo.
Me lo meto en el bolsillo y empiezo a moverme, tenía que encontrar la salida rápidamente, porque me producían unos escalofríos extraños el estar allí.
Decidí volver desde donde había entrado. Bajé las escaleras y me dirijí a la puerta.
Tenía un cerrojo. 
Maldecí para mis adentros y subí a la planta de arriba. Todo seguía igual, sin ningún indicio de presencia humana o inhumana, y me puse a buscar la salida.
Tiré de todos los candelabros, pero nada. En las mansiones así siempre había una salida secreta, y yo tenía que averiguar donde se encontraba.
Estaba ya perdiendo las esperanzas de poder salir de allí cuando, al tocar el boliche de la punta de la barandilla de las escaleras, una trampilla escondida debajo de mis pies, se abrió y yo caí y caí  al vacío.

$NANA$

domingo, 27 de octubre de 2013

Scene 14

Quito la cinta con muchísimo cuidado, no sea que se rompa el pergamino o algo parecido.
Lo abro completamente mientras el corazón me va a cien. 
Entonces me doy cuenta, un enigma como éste no era fácil de descubrir, y el interior del pergamino me lo acababa de confirmar. 
 Suspiro.
 En él estaban impresos unos extraños símbolos que no pertenecían a la época actual, de eso estoy completamente segura, y unas palabras que debían estar en otro idioma porque yo no las entendía. 
Exactamente estaba escrito esto en el pergamino:
 Naranjцs 
 ртьддьтоооллвбцжх 
 Sur de la gran mère. ьчжфїтщщщщуицтшчт 
 Pôle du nord.
 Placé trois 
 шщцизбцьоштцьудзашту роцтідчщщвтуттущчннвбя или 
 chantée.
 Ьфєд ліллі щурі од бг озза уві лссдьв люд ілах 
 Justo entonces es cuando se abre la puerta de mi habitación. 
Era David. 
Y me había pillado con las manos en la masa. 
- Sabría que pronto lo encontrarias, aunque era difícil hallarlo. 
- No sé de qué me hablas. 
- Yo creo que lo sabes perfectamente. 
 Y se sienta a mi lado, y yo, aún con el pergamino en la mano, trato de esconderlo en vano. 
Me coge de la mano justo cuando iba a meterlo entre las sábanas y me espeta: 
 - No estoy ciego, Nana. 
Y ahora sé que me está mirando a los ojos, pero yo bajo la vista y miro al suelo, como un perro arrepentido. 
 - La única pista que te puedo dar sobre el pergamino es que tienes que descubrirlo tú sola, nadie de aquí te puede ayudar.
 Suspiro. 
- Pero aquí yo sola no puedo entender el pergamino, no soy experta en simbología y tampoco tengo medios para hallar lo que busco. 
 - Eso es fácil de arreglar. 
Se levanta y se dirije hacia la puerta. No reacciono. 
- ¿ Vienes o qué ? 
Me levanto de la cama y voy con él. Me lleva por un amplio pasillo con suelos brillantes y paredes de roca, y al final llegamos a la obertura. 
Para mi sorpresa, hay una puerta, porque yo creía que tenía una obertura y ya, como los de hace mucho tiempo. Entonces me lleva por un camino trazado en el suelo, siguiendo las marcas de tiza azul de algunas rocas. 
Al final llegamos a un lugar extraño, un castillo gigante a medio derruir y después una gran roca de color anaranjado.
 - Quédate hasta cuando necesites. Ten. Y me lanza una mochila que pesaba bastante. 
  - Si piensas un poco tendrás techo para poder dormir. Ahí tienes comida y el pergamino. Tienes todo el tiempo del mundo. Cuando quieras puedes empezar.
 Y acto seguido vuelve por el mismo camino hacia donde habíamos partido.
 - ¿ Empezar ? ¿ A qué ?
 David se lleva una mano a la cabeza y se señala la sien. 
Humm. 
 Me quedo mirando la silueta de David hasta que se pierde en el camino. Primero decido mirar qué contiene la mochila. Una manta calentita, comida aproximadamente para tres días, una linterna, una navaja, y algunos utensilios más para la supervivencia. Echo un vistazo rápido a los alrededores. 
Aparte del viejo castillo medio destruido hay una gran roca naranja enfrente y un poco más a la derecha de la roca hay una especie de jardín y al otro lado un descampado con viñas. 
Decido primero explorar el ruinoso castillo.
 Entro por unas escaleras de bajada medio derruidas, así que voy con cuidado. 
Entonces las escaleras dan paso a una gran sala abierta sin techo que en sus tiempos anteriores, cuando aún no estaba habitada con cuervos y urracas, el gran comedor.
 Estoy un rato explorando el gran comedor. No encuentro nada interesante, así que voy a la sala de calderas. 
 Allí tan sólo encuentro una gran chimenea y una gran sala, más pequeña que el comedor, sin techo. 
Me meto dentro de la chimenea a explorar.
 No encuentro nada interesante . 
Iba a salir cuando veo un trozo de papel arrugado en el interior de un hueco de un ladrillo. 
Lo cojo, esta vez, sin pararme en pensar si tiene bichos. En él estaban escritas las palabras " Sur de la gran mère " Igual que en el pergamino. 
Hum. 
¿ Qué diablos significa eso ? Es francés, de eso estoy segura.
 Sé por aproximación que gran es grande y mère es madre. 
O sea que significa algo sobre una gran madre. Pues de momento no he visto ninguna madre grande. Ahora me salgo del castillo, no hay nada más que explorar. En cuanto salgo me encuentro con una roca de color anaranjado y un montón de piedrecitas del mismo color anaranjado a su alrededor. Detrás de las rocas hay árboles y bosque. Me voy hacia la derecha porque a la izquierda hay viñas y campos. Allí encuentro una mesa de granito cubierta de polvo y tierra y vegetación suave alrededor. Entonces tres mariposas absolutamente idénticas se pasan en la mesa. Todas mirando hacia una dirección. Hacia el norte, exactamente. Me giro hacia donde están mirando ellas. Hay una bajada, aparentemente sin escaleras ni nada, que baja hacia un ruinoso banco. O lo que podría haber sido un banco. Continúo con lo mío y miro a mi alrededor. No hay nada importante. Una roca aquí naranja, mariposas por allá, pero ninguna gran madre. Suspiro y me siento encima de la mesa. Intento aclararme las ideas pero no lo consigo. Me doy por vencida y me bajo. Detrás mía viene todo el polvo acumulado en la mesa de la parte de donde estaba sentada y entonces me fijo en algo importante que se me había pasado: entre el polvo se distinguian unas letras... Unas letras que exactamente formaban palabras iguales a algunas de las del pergamino. Justo entonces, el cielo que hasta ahora estaba azul, se oscurece rápidamente y las urracas y los cuervos empiezan a graznar. $NANA$

miércoles, 2 de octubre de 2013

Scene 13

De aquella noche no recuerdo mucho. Parecía que me hubieran suministrado un sedante. Recuerdo haber sido transportada a otro lugar, con muchos tramites, y, después, ya me dormí profundamente y tranquilamente en una cama.
De aquello recuerdo poco pero por la noche noté la presencia de alguien mientras yo dormía. Una presencia increíblemente malvada, arisca y que no precisamente quería nada bueno para mí.
Pero aún así, no me desperté.

                                                                     ***


Encima de la mesita de noche esta el puñal, esperando con ansia ser utilizado.
Lo miro con recelo.
No me apetece levantarme de la cama ahora. Estoy muy bien así.
No tengo sueño pero no tengo ganas de levantarme.
Suspiro.
Me levanto.
Me pongo un pantalón cómodo de chándal y una camiseta de manga corta gris.
Desconozco la habitación en la que estoy. No sé dónde estoy. Es una habitación básica, como la de un hotel.
Me siento en la cama. Es azul.
No me siento cómoda. Noto una presencia que no me gusta en esta habitación. Como si fuera a salir algo de las paredes.
Miro a mi alrededor. No hay nada raro, pero no me siento bien.
Miro a los lados y me dejo caer en la cama.
Entonces alguien llama a la puerta.
Toc
Toc
Toc
Toc
Toc
Toc
Toc
............
............
Me decido a abrir la puerta.
Está David.
Con una sonrisa entra.
-¡Buenos días!
-Hola.
-Te veo deprimida.
No le contesto.
Empieza a caminar por la habitación .

- ¿No te gusta tu nueva habitación?
- No es eso.
- ¿Y bien...?
 - ¿Para qué me habéis traído aquí? ¿Quienes sois?
 - Tenemos un único propósito. Protegerse a ti, Nana.
- ¿A mí? ¿Por qué?
 - No seas tonta y no ignores lo obvio.
 Sale de la estancia y cierra la puerta tras de sí.
 Suspiro lánguidamente. Claro que sé a qué se refiere.
Yo tengo una peculiar habilidad, hablo con los muertos. Pero ¿ de qué me quieren proteger o de qué?
 Eso no me lo han dicho.
 ¿Y ahora qué hago?
Me levanto de la cama y exploro todos los rincones de la habitación. No noto nada desigual en las paredes. Todo está aparentemente normal. Tanteo todos los huecos y pego golpes en algunos trozos para ver si están huecos. Llego al lugar dónde está colocada la cama. Está subida encima de un escalón. Eso ya es un poco raro. Golpeo el escalón. Para mi sorpresa, suena hueco.
El corazón me palpita cada vez más rápido.
Ya hacía demasiado tiempo que no descubro nada por mí misma, así que estoy contenta de haber descubierto que el escalón sonaba hueco.
Tanteo el escalón, pero para mi desilusión no descubro nada fuera de lo normal.
Entonces llaman a la puerta.
Corriendo dejo mi actual tarea y me siento en la cama.
- La puerta está abierta.
Entra entonces Mey y me mira con cara rara.
- David me había dicho que estabas triste, y yo no te encuentro la tristeza por ningún lado.
- David miente.
- No, no lo hace.
Me callo, para poder pensar cómo replicar a su contestación.
- ¿Estás segura?
- Completamente.
Me callo otra vez, esta vez no para pensar en cómo responder, si no porque me he fijado que a Mey los ojos se le estaban poniendo lagrimosos, como cuando pelas cebolla.
Se sienta a mi lado, en la cama, y yo decido no preguntar.
Entonces ella se levanta y me dice:
- A la hora de comer vendré a buscarte.
Me encojo de hombros.
Sin preocuparse de cerrar la puerta, Mey sale, y por el ruido que hacen sus pasos adivino que se ha marchado corriendo, seguramente a su habitación o a llorar al hombro de David, quién sabe por qué.
Y yo sigo con mi tarea.
Me arrodillo cuando bajo el escalón y empiezo por segunda vez a tocarlo. Lo golpeo una y otra vez, por todos los lados.
Entonces, cuando iba a dar por acabada mi tarea, me levanto y le pego una patada en un lado al trecho del escalón. Este trozo de escalón se retira lentamente, dejando un círculo perfecto como agujero, donde apenas cabría un palmo de mano.
Ahogo un grito.
Sin pensar, me acerco rápidamente y, cuando iba a introducir mi mano por el agujero, sólo entonces, pensé:
" ¿ Y si hay bichos? " 
Esta suposición me hizo retirar la mano rápidamente y pensármelo dos veces.
Me dan un tremendo pánico los bichos. 
Hecho un vistazo rápido a la habitación a ver si había un guante de látex o algo parecido, aunque sería muchísima coincidencia.
Aunque, para coincidencias, las que había tenido yo en los últimos días.
No había ningún trozo de papel servible.
Entonces pensé:
" ¡Papel de baño! "
Y ahí es, cuando, cutremente, me enrollé el papel de baño en una mano.
La introducí por el orificio y tanteé.
No había nada interesante, era todo plano, era como un hueco rectangular.
Entonces descubrí un bulto, un rollo de... ¿pergamino?
Lo saco.
Es un papel un poco ennegrecido, amarillento, un poco roto por algunos lados y con un lazo azul eléctrico enrollándolo.
De repente, el círculo que había abierto accidentalmente, se cierra silenciosamente, pero yo, no tan silenciosa, pego un grito que no me pude contener.
Entonces, rápidos como el rayo, se presentan en mi puerta unos preocupados y asustados Mey y David, y tal vez con una pizca de temor, pero... ¿ serían estas sensaciones por mí ?
Tocan a la puerta varias veces, pero yo, presa del pánico, no sé qué hacer, pero por suerte estaba echado el cerrojo.
Atemorizada, escucho a David:
- Voy a tirar la puerta abajo.
Entonces por fin reacciono, salgo corriendo y me encierro en el baño.
Escucho unos golpes, es David intentando tirar la puerta.
En el baño hay cerrojo, así que lo corro.
Me desprendo del papel que llevaba en las manos y lo tiro a la papelera, después, agarro el pergamino y lo meto en el armario de cosas de baño.
Entonces grito:
- David, no eches la puerta abajo, ya abro.
Voy corriendo y descorro el cerrojo.
- ¿Por qué has gritado, Nana? Estábamos preocupados por ti.
- Es que estaba en el baño haciendo pis y de repente se ha activado la cadena, sin que yo apretara, y me he asustado, chicos no pasa nada.
Suspiran aliviados y se marchan.
Les he contado una mentira gigante, pero parece que se la han creído, mejor.
Entonces una voz interrumpe mis pensamientos.
- Te llevaré la comida a la habitación, que no podemos ir a comer donde queríamos.
Era la voz de Mey, claro.
- Vale.
Mejor.
Me quedo pensando y al final decido que exploraré el pergamino después de comer.
Al poco rato viene Mey con una bandeja llena de comida, la deja en la cama y me susurra un:
- ¡Bon apetit!
Le doy las gracias y se va.
Suspiro tranquila, como rápidamente y busco el pergamino.
Lo encuentro al poco rato y con él entre las manos, me tumbo en la cama decidida a averiguar el misterio que me traía el viejo, enigmático y misterioso pergamino.



domingo, 15 de septiembre de 2013

Scene 12.

Me despierto alarmada. Un ulular de búho. Nunca lo había escuchado aquí. Lo escuchaba continuamente en el orfanato, porque había un bosque al lado. ¿Pero aquí...? Nunca lo había escuchado.

Me levanto alarmada. Escucho con mucha atención. Intento captar de dónde viene el ruido.


Camino por toda la habitación. Donde más suena el ruido es por donde está el armario.

Me doy cuenta y pego la oreja al armario.

En efecto, ahí se escucha mucho más.

Abro el armario.

Más ruido.

Abro el rectángulo.

Más.

Abro la puerta corredera que comunica con la habitación secreta. 

Ahora el ruido es ensordecedor.

Otra vez está él allí. 

Se para el ruido.

No sé de dónde viene.

Entonces él habla.


-Hola Nana.


-Hola, no sé quién eres.


-Qué maleducado. Es verdad, no me he presentado. Me llamo David. Estoy aquí para alejarte de una cosa que podría o no cambiar el destino de tu vida.


Carraspea.

Le dejo hablar y me quedo callada.


-Bueno, a lo que iba. Ellos te quieren meter un chip en el cuerpo. Así te tendrán localizada. Pero además tendrás que obedecerles, porque si apretando un botón, el chip hará cosas dañinas para tu cuerpo. No debes dejar que te pongan el chip, Nana. ¿Lo entiendes? 


-Sí. Pero , ¿por qué debería hacerte caso? 


-Por esto.


Me enseña su brazo. Tiene tatuado en él un símbolo. El mismo símbolo alargado que tenía mi padre tatuado. Entonces seguí ciegamente a David, aunque no sabía aún si tenía que haberlo hecho.


-Tres toques, Nana, entonces sabrás si es de nuestra banda, Nana. Tres toques. Y, acuérdate, nadie del otro bando conoce de la existencia de esta habitación secreta.


Entonces se desvaneció en él aire.

Yo no quería que me pudiesen un chip en el cuerpo. No quiero.

Me vuelvo a la cama.

No puedo casi dormir, estoy muy preocupada por el chip ese.


Mañana pasaré el día en la habitación secreta para que no me pongan el chip. Empezarán a buscarme cuando no acuda a la comida. Entonces no tengo casi tiempo. Miro el reloj. Son las 7:15. A las 8 sueña el despertador. Y los demás lo oyen.

Y alomejor puede ocurrirsele a Carlos venir a darme los buenos días. Sólo tengo tres cuartos de hora como mucho. 

Voy a la cocina y empiezo a coger mil cosas. Desde pan hasta lechuga, unas latas de conserva, agua y alguna bebida más. También cojo el mp3 y los auriculares. Una alfombra unas mantas y una almohada.

Falta un cuarto de hora. Está todo preparado en la habitación secreta.

¿Qué falta?

Ni idea.

Tengo una idea.

Dejo una nota en la que se lee:


Buenos días. He decidido irme de aquí. Me gusta esta vida pero no es para mí. Carlos, yo no soy la que buscas. Espero que lo entiendas. 

                                  nana


La dejo en la cómoda


.

 

Me meto dentro de la habitación secreta. Cierro por dentro. Si es verdad lo que dice jamás me descubrirán. Cierro los ojos. Aquella noche no había dormido nada. Me duermo. Después de una hora más o menos, me despierta el sonido de unos gritos. Unos gritos que me llamaban. Unos gritos de Carlos. Me despierto de golpe. Menos mal que no he gritado del susto.


 -¡Nana! ¡Nana! ¡Nana! 


Me estaba llamando Carlos. Suspiro. Cuánto griterío. Entonces oigo un ruido de una puerta. Entra Mey. Escucho atentamente.




 -Esa sucia cucaracha se ha escapado con el enemigo. Buf, tendríamos que haberle metido el chip el primer día, para que estuviera quietecita, cuando estuvo dormida. Ahora nuestros planes al traste. 


-Pero, ¿y eso de que yo era Coco Chanel y Serte era Einstein? En eso te pasaste. Estuvo a punto de no creerte. Es bastante tonta para habérselo creído todo. Casi me muero de la risa. 


-Ya, pero sabía por sus datos que era muy fácil de impresionar y que era un poco tontita. Se lo cree todo. Por eso se ha ido con David. 


-Sí. Y ahora no sabemos dónde está. Id Serte y tú a buscar por la ciudad, no puede haber ido muy lejos. 


-Si es que ha podido salir. 


-Por eso me quedaré yo aquí. 


-Vale. Suerte. Convéncela si la encuentras.


 -Suerte. Descuida. 


Se oye un ruido de una puerta. Carlos el mentiroso se ha ido. ¡Anda que creerme lo que me dijo ese sucio gusano! Entonces se escuchan tres toques en la puerta del armario. 


- ¡Nana! ¡Nana! ¡Nana! 


Hummm. Pienso.


 -Soy de los tuyos Nana. 


Demuéstralo, pienso. 


-Te lo demostraré. 


Toc toc toc. 


Tres toques. Eso me suena. ¡Tres toques! 


- ¡Nana! ¡Nana! Ábreme. Sé que estás ahí. Nana. 


Dudo. Si sabe que estoy aquí, que abra ella.


 - De acuerdo, Nana, abriré yo. 


Se escuchan unos forcejeos. Entonces se abre la puerta secreta. 


- ¡Nana! Estás aquí. 


- Sí. 


Me abraza. 


-Soy de tu equipo. 


Se sube la manga de su camiseta y me enseña su brazo. El mismo tatuaje. Entonces creo en ella. Se seca las lágrimas y me dice:


 -Fuguémonos con David, Nana. 


Asiento con la cabeza. Aquí empieza la aventura del equipo Serpiente. 


$NANA$

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Scene 11.

Unos ojos verdes misteriosos me devolvían la mirada desde la oscuridad de un lado de la habitación.

No puedo contener un grito. 


                                                                         ***


 En otro lado del laberinto de pasillos de roca, Mey sonríe satisfecha, ha escuchado el grito.


  
                                                                          *** 


 De los ojos casi fluorescentes sale una cabeza. Un chico. Rubio. Rasgos amables, guapo. Le miro muy extrañada. ¿Qué hace un chico guapo ahí, plantado delante de mí, en una habitación secreta que comunica con mi armario?

 -Sé lo que estás pensando, Nana. 

 -Todo el mundo sabe últimamente  lo que pienso menos yo.


 

Supongo que sería otra persona de la organización. 

-No soy de la organización, Nana, y quiero que me escuchas atentamente. 

Me quedo súper sorprendida. No me lo esperaba. Él prosigue. 

-Soy yo el auténtico dios de los muertos. 

 -Y entonces, ¿Quién es Carlos? 

-Un chico inmortal igual que tú y yo, pero él es malvado. Te quiere a ti para dominar el mundo. Y se inventó algunas cosas para ponerte de su lado. Mi tiempo aquí se acaba, ten este cofre. Dentro encontrarás una cosa que te servirá sólo si decides utilizarlo. Sólo lo que te ha enganchado e intrigado te ayudará a descubrir para qué has de utilizar lo que contiene el cofre.

 - ¡Pero está cerrado con llave!¿Cómo lo podré abrir?

 -Tienes lo que hace falta. 

Lleva su mano hacia mi cuello y toca algo que antes de entrar en el armario no estaba. Acto seguido desaparece y me deja ahí plantada con un cofre sin llave en la mano. Salgo del armario. Me llevó la mano al cuello. ¿Había un colgante...? Me lo desabrocho y lo miro. Había una llave azul celeste oxidada colgando. ¡La llave del colgante...! Lo quito corriendo y la meto en la cerradura del cofre. Lo abro. Dentro había un puñal con el mango de cuero marrón y jades incrustados. El filo estaba tan fino como una hoja de papel y parecía que de tan sólo mirarlo te podías cortar. 
Lanzo un grito ahogado. Un puñal. Igual que en la serie de televisión, las estrellitas, mi sueño... Aunque no acabo de entender la última frase que me dijo;
" Sólo lo que te ha enganchado e intrigado te ayudará a descubrir para qué has de utilizar lo que contiene el cofre" .
 Sólo lo que te ha enganchado e intrigado... ¡Claro! ¡La serie de televisión! Ahora todo encajaba. Sólo tenía que esperar a ver el próximo capítulo de la serie y sabría lo que hacer para descubrir lo que tenía que hacer con el puñal.

No sé cuándo hacen el siguiente capítulo así que enciendo la televisión y la pongo en el canal donde hacían la serie. Están haciendo anuncios. Bien, sólo hace falta esperar a que hagan el anuncio de cuándo van a poner el siguiente capítulo. Espero unos cinco minutos. Entonces aparece algo que me llama la atención. Un puñal igual al que tengo en aquel cofre encima de la cómoda. La serie se llama 'Puñal inmortal' . Hummm. La hacen esta noche a las 23:00. Así que tendré que cenar pronto. Son las 21:15. Casi es la hora de ir a cenar. Así que me visto corriendo con una camiseta de corazones y unos pantalones de pana y me dirijo hacia el comedor.
 Allí estaba Mey, con su bonita sonrisa tan agradable. Le sonrío y me siento junto a ella. Pedimos el menú del día; arroz blanco y ensalada. Como muy rápida y Mey se extraña un poco. 

-¿Por qué tienes tanta prisa?

 -Hacen una serie muy chula ahora mismo y quiero ir a verla. 

-Es por casualidad... ¿Puñal inmortal? 

-¡Sí! ¿Cómo lo sabes?

 En la cara de Mey se dibuja una sonrisa. 

-A mí también me engancha. 

No lo dijo muy convencida. No sé sí creérmelo . Suspiro y me encojo de hombros. 
Llego a mi habitación. Queda aún un cuarto de hora. Preparo un baño de burbujas. Me meto dentro y empiezo a cantar. Salgo, me seco y pongo la televisión por el canal donde hacían la serie. 
Ya ha empezado. La niña coge el puñal y lo lleva a un señor que colecciona antigüedades. El señor lo rechaza gritando cosas como: ¡El puñal inmortal! Y cosas así. Para él es como una maldición. La niña busca en internet "puñal inmortal" y descubre que se utiliza para matar a las personas inmortales. Es lo único que puede matarlos. Entonces se acaba el capítulo. 
 Cierro la televisión. Ahora lo entiendo todo. Aunque me esperaba algo más... Profesional. 
Él quiere que mate a Carlos. Pero...¿es verdad lo que dice? ¿o él es el verdadero malvado? Ni idea. Cruzo los dedos esperando que mañana salga todo bien y deseando que elija bien a quién matar y me meto en la cama. Pasan los minutos y no consigo dormirme. Pienso en si sería mejor tomarme una pastilla para dormir pero al final opto que sería mejor que no. Me relajo y consigo dormirme. Un ruido parecido al ulular de un búho me despierta a las cinco de la madrugada. Me alegro de no haberme tomado la pastilla. De ser así, no habría escuchado este ruido y habría tomado la elección equivocada.  

$NANA$

Scene 10.

Así que un puñal, ¿eh? Qué casualidad. Miro mi armario. No... Es imposible. Me río de lo que acabo de pensar. Es una tontería. Seguro que es una pura casualidad. Me vuelvo a reír. ¿Cómo podría haber pensado en semejante memez...? Vuelvo a mirar el armario. Ahora lo miro seria. ¿Podría...? No. Es una tontería. Me pongo seria. Hay que centrarse. Suspiro. Lalalalalalala. No quiero pensar. En concreto, no quiero pensar más en el puñal. ¿Y qué hay que hacer para no pensar en nada? ¡Un baño en mi grandísima bañera! Yuuupiiii. Con muchas, muchísimas burbujitas. Me meto dentro. Oh, no. Me he equivocado. El baño en mi grandísima bañera era para pensar, no para no pensar. Así que, a pensar se ha dicho. Oootra vez a pensar en el dichosito puñal. Bien. Muy bien. Está decidido, esta noche exploraré el armario. ¿Y por qué esta noche? No lo sé, pero la niña esa iba por la noche. Así que fui a echarme una siesta. Pero claro, cuando duermes sueñas. ¿Y en qué sueñas? Pues en las cosas que más has pensado durante el día. Había soñado, cómo no, con el puñal. Un flashback. Tenía el mango de cuero, con jade y otras piedras preciosas incrustadas. Estaba en mi mesita de noche... Entonces, otro flashback. Me veo a mí misma clavándoselo a un hombre en el corazón. ¿Quién sería aquel hombre...? De pronto, tuve una corazonada. Podría ser otro mensaje en clave de la organización. Pero... ¿Cómo podrían haber entrado también en mis sueños y el la televisión? Así que quité toda la ropa del armario y empecé a tantear el fondo. Nada. De pronto, una protuberancia sobresale de la lisa pared. Parece una especie de pestaña. Estiro, y, como por arte de magia, se abre un pequeño cajón horizontal. Tiene la forma exacta de un rectángulo. No me lo puedo creer. Cojo la linterna roja y alumbro el pequeño cajón escondido. No se ve nada de lo normal. Qué patético. Suspiro. Cierro la pestaña. Vuelvo a meter toda la ropa en el armario y lo cierro. Suspiro otra vez Es una tontería. Seguro que alguien lo gastaba antes de mí para esconder sus cosas más preciadas y pequeñas. Dinero, joyas, llaves... Alomejor es una cámara oculta. No, es imposible. Me río. Si lo fuera, ¿cómo se explica el algodón? ¿y el coche y la pared? Me río a carcajadas. Me tiro en la cama riéndome. Sólo entonces caigo en la cuenta de que ya son las 21:20. Me quedó boquiabierta. Cómo pasa el tiempo. Así que me visto volando, cojo la linterna y al comedor. Llego al comedor, y allí estaba Mey con su sonrisa amistosa de siempre. Me saluda. Le saludo. Me siento en su mesa. -¡Hola! -Buenas noches, Nana. Sonrío. Me sonríe. Me cae muy bien Mey. Llamamos al chef y pedimos el menú del día. Nos traen langosta. ¡Ni que fuéramos reinas! Entonces, entra Serte al comedor. -¡Hola! Me mira enfadado y gruñe. Me dirige miraditas furiosas y frías hasta que se sienta y se distrae con el chef. También pide el menú del día. -Discúlpame un momentito, Nana. Me sonríe amigablemente. Le contesto a la sonrisa con otra sonrisa. - Claro. Mey se dirije hacia Serte, se sienta en su mesa y le habla en voz baja al oído. Entonces Serte grita: - ¡Me da igual si sospecha algo! Mey le hace un gesto para que se calla y , enfadado, obedece. -Cállate si de verdad sabes quién es el jefe. Le dice Mey en tono de reproche y enfadado. Entonces se dirije hacia mí, con una sonrisa en la cara. Después hace una mueca. -No le hagas caso, no se ha tomado su pastilla y está de mal humor, e incluso dice cosas sin sentido. Se sienta otra vez en la mesa. Me sonríe. Le sonrío. Me acabo lo que me queda de comida muy rápido, tengo muchísima hambre. Me despido de ella. Cuando iba a salir, noto que una mano me asia el hombro. Doy un respingo. Suspiro, sólo es Mey, leer ha conseguido asustarme. -Nana, nada es lo que parece. Nana, repito, recuerda, nada es nunca lo que parece. Cuando me giro a preguntarle qué me quería decir con eso, no estaba. Sólo había un Serte más enfadado que antes mirándome con fijeza. Me encojo de hombros y me voy. Después de un largo trecho de caminos de roca, llego a mi habitación. "Nada es lo que parece" Me repite mi cabecita todo el rato. "Nada es lo que parece" Sin duda tiene que referirse al rinconcito del armario. Vuelvo a sacar toda la ropa del armario y estiro de la pestañita. Igual que siempre. Dejo la ropa en la cómoda y cierro el armario con el rincón abierto. Pero el armario cerrado. Apago las luces y me tumbo en mi cama. Inconscientemente, miro las estrellas. Están formando algo... ¿¡Una flecha!? Señalando para el armario. Lo abro. Una luz se cuela por el pequeño rincón pero no consigo verla. Me agacho y veo algo que no había visto antes, otra pestaña en la parte de arriba del rincón secreto. Sin poder aguantar más, estiro. Toda la pared del armario gira. Y yo con ella. Salgo a una sala pequeñita, como una habitación normal. Se me ha olvidado la linterna en la habitación. Me hace muchísima falta. Pero... Algo brilla. Me quedo rígida. Veo unos ojos verdes y luminosos que me observan desde la oscuridad. $NANA$

lunes, 9 de septiembre de 2013

Scene 9.

Así que el misterioso Carlos tenía ese poder.
Estaría muy bien poder reencarnar a tu familia.
-Nana, sé lo que estás pensando y no, no puedo reencarnar a la familia.
-Oh.

Pues sí que me conocía bien. Suspiré y asimilé lo que me estaba pasando. Soy una diosa. Soy la diosa de los muertos. Y por eso puedo hablar con los muertos. -Bien. Pero no esperes que me enamore de ti, así sin más. Porque estemos destinados no voy a dejarme enamorar fácilmente. -No quiero que esto se convierta en una historia de amor, te enamoraré poco a poco, y no será como piensas. Te conozco demasiado bien. Tiene razón. Me conoce demasiado bien. -Es verdad. Me voy a mi habitación. Después iré a cenar. Linterna en mano, voy paseando por los pasillos, sin ninguna prisa por llegar a mi habitación. Pero todo llega, y después de media hora deambulando por ahí, llego a mi habitación. Abro la puerta. Me encuentro un ramo de tulipanes, mi flor favorita, en la cama. ¡Qué detalle tan bonito! Aunque sólo con eso no me ha conseguido. Tecleo un rato con la BlackBerry y me canso muy rápidamente. Miro el armario a ver otra vez la ropa que hay. Si toda la ropa que hay la ha hecho Mey, sí que tiene buen gusto y sí que me conoce. Toda la ropa que hay me encanta. Es sencillamente preciosa. Hay vestidos de todos los colores y en especial, de color rojo. Hay chándals súper cómodos, o al menos, eso parecen. También hay pantalones cortos, pantalones vaqueros , de pana, de todos los colores... Y suéters, jerseys, camisas y camisetas, un mogollón de cosas, y había en otro cajón collares y pulseras de bolitas, justo como me gusta a mí. Sonrío feliz. Me gusta probarme la ropa. Así que empiezo a probarme cosas. Empiezo por los vaqueros; todos de mi talla. Después las camisetas, perfectas también. Y por último, los vestidos. Me hacen unas curvas estupendas. Me gusta como me sienta todo. Es perfecto para mí. Me tiro cansada a la cama. Suspiro. Sonrío. Es mejor tipo de vida que el orfanato. Aunque cada día me sorprendan con una cosa nueva. Me tumbo en la cama y me quedo perfectamente dormida, escuchando unos ruidos que poco a poco se hacen más fuertes. *** Mi madre me abraza, y mi padre me apreta una mano. Mi hermanita está agarrada a una pierna mía y la apreta hasta cortarme la circulación. Mis abuelos están abrazados, al lado de mi madre, y mis otros abuelos también se abrazan al lado de mi padre. Estoy rodeada de mi familia. De repente, un coche que pasa a toda velocidad, nos atropella. *** Me despierto gritando. Menos mal, sólo era eso, una pesadilla. Estoy sudando. Voy corriendo al baño y me lavo la cara. Estoy mareada. Ésa es la historia de la muerte de mi familia. Yo era una chica muy especial, y me quitaron a la fuerza del abrazo de mis padres, creyéndose que estaba loca, y metiéndome en un correcionario infantil. Suspiro y me tumbo en la cama mirando al techo. Ahora me doy cuenta de que en el techo hay unas estrellitas que seguramente brillarían en la oscuridad. Cierro la luz y corro las cortinas, y me vuelvo a tumbar para ver bien las estrellitas. Entonces, con sorpresa, veo que las estrellitas toman forma... Y forman... ¿¡un puñal!? Estoy sorprendida y un poco horrorizada. ¿Por qué las estrellitas formaban un puñal? No lo entiendo. Vuelvo a correr las cortinas y me preparo un baño para relajarme y pensar en el puñal y en su significado. Suspiro. Las estrellitas... Preguntaré a Carlos porqué las estrellitas forman cosas, pero no le diré que formaron un puñal. Diré que formaban un vestido. Me seco y me pongo la crema en el cuerpo. Consulto la hora y vi que todavía eran las 20:45; quedaban aún tres cuartos de hora para la cena. Me pongo la televisión y hago un poco de zapping, hasta que encuentro una película que va por la mitad y la dejo. Trataba sobre una chica a la que habían raptado y encerrado en un armario, que descubría un pasadizo secreto en el armario y una caja con cerrojo, pero no encontró la llave. Salía por el pasadizo que llevaba a una calle poco transitada, y llegó hasta la policía. Después pone un continuará y la fecha de la próxima continuación. Me prometo a mí misma mirarlo, estaba muy interesante. ¿Qué habría en la caja? ¿Encontraría la llave? ¡Qué emoción! Me interné otra vez por los pasillos y al fin llegué al comedor. No había nadie. Me senté en una mesa pequeña y llamé al chef. -Bonjour, mademoisselle. ¿Qué desea para comer? - El menú del día. - Claro, en seguida. Spaghetti al parmesano. Muy bonito el vestido que lleva. Le sonrío y se marcha. Adoro los Spaghetti al parmesano. Y sí, mi vestido es precioso. ¿Está planeado o algo? Me río. Es imposible. Me como los spaghetti al parmesano y después una ensalada César. Para postre macedonia. Es la mejor cena que he podido saborear. Vuelvo a mi habitación a pensar. Hay un tulipán en mi cama y una nota; muy simple. " Buenas noches " Pues buenas noches a ti también, Carlos. Pongo el tulipán junto a los otros tulipanes, en un jarrón de encima de la cómoda y pienso. ¿Qué será aquel cuchillo? Suspiro. Apago la lamparita de la mesita de noche y me duermo. Al día siguiente, me despierto con los rayos del sol. Están calentando toda la habitación. Está muy acogedora. Cambio el agua a los tulipanes. Están preciosos. Me voy a la cocina y me preparo el desayuno; jamón, pan con mantequilla y miel, leche y cereales y un poco de zumo. Sonrío. Me lo como todo con rapidez y enciendo la radio. Lalalalalalala. Suena la música. Apago la radio y voy a ver la tele. Iban a hacer el capítulo dos de aquella película tan interesante. " La policía registra la guarida de los secuestradores, pero no encuentran la llave. La niña se empeña en guardar el cofre. Por la noche, ella va a la guarida de los secuestradores y busca por todos los lados. Abre el armario y encuentra una palanca. La estira y encuentra un hueco en la pared del armario en el que está escondida la llave. Se va corriendo a su casa y allí abre el cofre. Y dentro había... Un puñal. " $NANA$

Scene 8.

Me doy la vuelta.
Huele a coco.
No logro verle del todo, así que le alumbro con mi linterna.
- Si soy alérgica al polvo no es cosa tuya.
Y me alejo corriendo de allí.

Sé perfectamente quién és. 
Pero tardo bastante en reconocerle, es raro verle por allí.
No me gusta aquel tipo. 
Aunque parece agradable, tiene una mirada fría y calculadora.
Tiene una voz cálida y suave como el algodón.
De pronto, una mano me agarra del hombro.
Dejo escapar un grito.
- Has tardado mucho en descubrir la trampilla, Nana. Te estaba esperando, Nana. No sabes los siglos que he estado esperando. Por verte.
Yo supongo que aquello de 'siglos' era de broma, una exageración muy grande. 
Estaba muy claro que no me había estado esperando siglos, es una leve ironía. Se me escapa una risita al pensar que es un ser milenario. Me mira con cara de extrañado.
- ¿De qué te ríes, Nana?
- De nada- digo con una sonrisa de pilla-.
- Como iba diciendo, tú y yo somos seres totalmente compatibles, somos iguales en todo, Nana. Estamos hechos para vivir juntos, y lo sabes.
- Tú eres el que me arruinó mi primera mañana de instituto, ¿no? Déjame en paz. Si tanto me conoces, sabes que todo esto me está superando, déjame vivir mi vida en mi pobre orfanato, deja de mirar mi pasado, no me hurgues en mis heridas.
- Tú y yo podríamos ser grandes, Nana, y lo sabes. Juntos...
- No me irás a decir que juntos dominaremos el mundo, ¿no? eso está ya muy pasado de moda, y además, tú lo has dicho, podríamos.
-Sí que podríamos dominar el mundo, pero no es lo que tengo en mente.
- ¿Y qué es lo que quieres hacer conmigo?
-De tí solo quiero una cosa, que seas mi chica.



- Mira... voy a contarles a Serte y a Mey que estás aquí, y  te echarán de aquí, así no volverás a verme ni a decir esas tonterías.
-Nana...
-Ni una palabra más. me voy.
Echo a correr para volver al resquicio y salir por donde había venido, y justo cuando iba a meterme por el resquicio, escucho una voz a lo lejos.
- No me van a echar, Nana.
-¿Porqué?
-Por que yo soy el jefe de la organización, Nana.


Suspiro. 
Seguro que está mintiendo.
Si no, ¿cómo puede ser eso?
-Me estás vacilando, ¿verdad? 
-De ninguna manera, Nana.
-Sí, me estás diciendo eso para que no vaya a contárselo a Mey y Serte.
-No. Ves a contárselo y verás lo que te dicen.
-Eso es justamente lo que voy a hacer.
Me meto por el resquicio y echo una última mirada a ver si se escapa. 
No había nadie allí.
Me sorprendo mucho y sigo corriendo para llegar antes de que se escape.
tropiezo muchísimas veces y caigo dos, pero me destrozo todo el chándal.
Llego corriendo a la sala común y encuentro a Mey fumándose un cigarrillo y me miró no muy sorprendida.
-Me imagino donde has estado, ya era hora, pero, ¿cómo es que llevas la ropa así? Voy a hacerte otro chándal en cuanto pueda, pero no será igual. ¿Le has visto?
- ¡SIII! Justamente venía corriendo para decirte que hay un intruso en los sótanos, debajo de la trampilla, pero cuando eché un vistazo rápido, me di cuenta que se había esfumado sin hacer ruido.
-Ays, este Carlos sigue igual.
- Pero corre, ¿no vas a echarle?

Mey suelta una carcajada.
-Claro que no, Nana tonta. Es el jefe.
Entonces era verdad.
No me estaba mintiendo, si no que decía la verdad.
Me siento tonta.
- ¿En serio que es el jefe? No me estaréis gastando una broma, ¿no?
-Claro que no. En serio.
Mey se pone seria, entonces entiendo que lo dice de verdad y que no es una broma de mal gusto.
-¿Qué estás fumando?
-No es para niñas.
Me enfado. Tengo dieciséis años, ya no soy una niña.
Entonces se huele en el aire un aroma inconfundible de coco.

Está ahí. Ese Carlos.
- Pero... ¿cómo?
- Tenemos nuestros trucos, preciosa.
-No me llames así.
Me enfado de verdad, no tiene ningún derecho a llamarme así.
Saca un paquete de cigarros del bolsillo de su pantalón vaquero y le prende fuego a uno.
-Nana, eres muy complicada...De verdad.
-Sí, es verdad, en tus otras seis vidas fuiste más fácil de conseguir, pero también eras más lista que ahora.
Balbuceo.
No entiendo nada.
-¿Qué estás diciendo?
-Que en tus otras seis vidas eras más lista, pero un poco más fea. Me alegro y me entristezco de ver en qué cuerpo te has reencarnado esta vez.

Yo no entendía absolutamente nada.



Miro extrañada a Mey y a Carlos, esperando a que me expliquen de qué están hablando. No entiendo absolutamente nada. Suspiro. Hay demasiadas cosas que no entiendo. Y eso que sólo ha pasado un día desde que hice novillos en el instituto. Al fin, Carlos habla. - Bueno, hay que contarte la historia, claro. Suspira. Respira. Y empieza a narrarme una historia verdaderamente increíble. Realmente fantástica. "Tú y yo éramos felices y estábamos enamorados. Estábamos casados. Éramos dioses. La diosa del dolor tuvo envidia, pues estaba enamorada de mí, y te embrujó. Te hechó una maldición. Y tú fuiste creada después de siglos para complementarme a mí. Eres mi media naranja. Tú eres la diosa de los muertos. En la maldición decía que tú, la diosa de los muertos, después de reencarnarte en seis personas, a la séptima dejarías de reencarnarte. Sólo entonces, podríamos... Volveríamos a ser felices. Y un pequeño detalle; somos inmortales. " Me dedica una de sus perfectas sonrisas. No me puedo creer ese relato. Yo, ¿la diosa de los muertos? Eso explica la capacidad que tengo de hablar con los muertos. Decido creer la historia. Suspiro. Él tendría que haber sufrido muchísimo, es inmortal. Soy la diosa de los muertos. Y el bombón que tengo delante es mi media naranja. Estoy de suerte, ¿no? Suspiro otra vez. - Y Mey y Serte, ¿porqué dicen que están esperando durante siglos? ¿ellos también son inmorales? -Sí. Más o menos. En realidad... - Yo soy Einstein - interrumpe Serte - pero sígueme llamando Serte, me gusta más. Mi nombre real suena a herramienta. - Pero... ¿cómo? - Y yo soy una antigua modista, a ver si adivinas quién soy. Mejor te lo digo ya, no lo vas a adivinar. Soy Coco Chanel. Encantada. Pero llámame Mey. -Estoy flipando. Pero ¿cómo? - ¿Aún no lo has entendido? Carlos tiene el poder de reencarnar a los muertos. Casi me entra una mosca en la boca. $NANA$

domingo, 8 de septiembre de 2013

Scene 7.

Qué raro.
No creo que sea normal que haya una trampilla debajo de una alfombra de debajo de una cama. Al menos no está guardada con un perro de tres cabezas, como en Harry Potter. Me pregunto qué hará una trampilla debajo de la cama.
¿Un secreto de la organización, quizás? O alomejor está ahí esperando a que yo encuentre lo que haya que encontrar. Quién sabe. Pero yo no soy de las que se piensan mucho las cosas, ¿sabes? Así que no pienso más y me pongo manos a la obra. Con mucho esfuerzo, muevo la cama a otra parte de la habitación y la zona en la que está la trampilla queda totalmente despejada.
Suspiro. Tengo una trampilla secreta que probablemente contiene un millón de secretos delante de mí y no la abro. ¿Por qué ? Pues no lo sé. Mi corazón me late con fuerza. Por fin llega el momento, abro la trampilla cuidadosamente y con mucho esfuerzo y me preparo para que salgan arañas y todo tipo de bichos. Sin embargo, no sale ningún bicho. Mejor.
Muchísimo mejor. Me dan muchísimo pánico los bichos. Me dan miedo pocas cosas, pero los bichos me dan asco, muchísimo asco. Pero hay polvo, así que estornudo. Hay unas largas escaleras que bajan hacia abajo, a los sótanos, y me pregunto qué puede haber ahí abajo. Sin duda algo raro. O tal vez no haya nada. Está muy oscuro. Son las 12:30, queda aún una hora y media para ir a comer, así que decido dejar la explicación para después de la comida.
Bajo la trampilla. Vuelvo a colocar la alfombra y la dejo donde estaba. También vuelvo a colocar la cama con mucho esfuerzo. 
Miro la ropa que hay en el armario para ponerme ropas limpias para ir a comer, no soy una guarra; unas cuantas sudaderas de mi estilo, unos cuantos  vaqueros y algún vestido. Ropa interior en el primer cajón y algún collar en el segundo. Hay un zapatero abajo del todo y miro a ver qué zapatos hay. Rojos, azules, sandalias, zapatillas, con tacón, bailarinas, amarillas, rosas, chanclas, zapatillas de ir por casa... En fin, muchísimas. En un vestido rojo con encaje hay una nota.
Leo la nota.
Este vestido pontelo para ir a comer. Mey~

Vale. Pues me lo pongo.

Me puse el vestido y me miré en el espejo. Me senté en la cama y empecé a teclear la BlackBerry. En seguida la entendí. Me gusta el teclado de la BlackBerry. Es fácil de escribir. Creo que en seguida me adaptaré al móvil nuevo. Me gusta. Me descargo un programa para descargar música y me bajo un montón de canciones; me entretengo jugando a un juego muy raro, tienes que disparar a unos marcianos y coger unos rombos verde claro con círculos azules partidos dentro. Los rombos son como las vidas del juego. Esté juego ya estaba instalado. Ya era casi la hora de cenar, así que, internadome en miles de pasillos fui a la misma sala de antes. Allí estaba Mey, que me miraba con una sonrisa en la cara, contenta de que me hubiese puesto el vestido rojo. - Tu color favorito es el rojo, ¿no? Te sienta muy bien ese vestido. Me gusta. - Sí. Gracias. - Qué sosa. Mey me tiró una linterna de color rojizo y me dijo que era para ver en la oscuridad de los pasadizos. Nota mental; puedo utilizarla para indagar debajo de la trampilla. Sigo a Mey hacia el comedor, alumbrado los pasillos con la linterna en la mano. Llegamos al fin a una estancia llena de mesas y sillas, y una barra de bar tan grande como la del instituto. En las paredes hay fotos muy bonitas de comida, ensaladas de lujo, hamburguesas, pastas con queso, tomates frescos y muchísimas comidas más. Nos sentamos en una mesa y esperamos, no sé a qué. Decido no decirle nada de la misteriosa trampilla hasta después de haberla explorado, y después ya vería lo que hacía al respecto. Me pregunto por qué no estaba Serte, pero me callo de momento. De primer plato, macarrones con carne, tomate, queso parmesano rallado, atún y más salsas riquísimas, pero no sé cómo se llaman o cuáles son. De segundo una ligera ensalada, con salsa de miel y mostaza, riquísimo, y de postre una manzana rallada espolvoreada en un trozo de melón. Entonces me decido a preguntarle por él. - ¿Dónde está Serte? - Está trabajando en una operación de la organización. - ¿Y qué es eso? - Un asunto de alto secreto. Me sonríe y se marcha. Desaparece por la puerta. Siempre que me quiere ocultar algo, sonríe. Me pregunto sí ella sabe de la existencia de la trampilla. Suspiro, y me tomo mi tiempo en salir del comedor e irme a mi habitación. Deambulo por los pasillos lentamente, con la linterna roja en la mano, y al final llego a la puerta de madera con mis iniciales. Abro la puerta y me meto dentro. Me pongo un chándal cómodo y viejo que encuentro en el armario, que parece estar hecho especial para la ocasión, pongo el pestillo y quito la cama y después la alfombra. Suspiro. El corazón me va a mil por hora. Estoy muy ansiosa por saber qué es lo que hay ahí abajo, sí es que hay algo. Levanto la trampilla y empiezo a bajar los escalones. Está todo lleno de polvo y telarañas y estornudo dos veces. Me acabo de acordar de que soy alérgica al polvo. Espero que no me salgan manchurrones y me hinche como un globo. El interior del pasadizo estaba muy oscuro. Mi linterna, sin embargo, penetra en la oscuridad y ne permitía ver perfectamente el camino. Tal como yo creía, en el camino habían muchísimas piedras, rocas y minerales brillantes. Las piedras del suelo parecían mojadas. Me dije a mí misma que cuidado, porque aquí las piedras son muy resbaladizas. Se oye un leve rumor de agua que corre. Se está muy fresco, me alegro de haber cogido el chándal de manga larga gris. Se me resbala el pie y se me mete en agua helada. Así que hay una especie de riachuelo a mi izquierda. Alumbro donde he metido el pie y lo veo, un pequeño riachuelo corría por el foso, con cornisas de roca a los lados. Mi corazón latía con fuerza. Todo esto era muy emocionante. Siento una corriente de aire sobre mi cabeza; eso significa que estoy llegando a una especie de caverna. Cada vez que avanzo noto más la corriente. En efecto, un unos minutos me encuentro en una cueva bastante grande. Me pongo a indagar en la cueva pero no veo nada interesante. Entonces me dejo caer sobre una roca, y ésta se desploma como si me hubiera sentado sobre una caja de cristal. Doy un sobresalto y en seguida veo que entre un montón de rocas esparcidas, hay un libro, e incrustado en la tapa, un bello colgante de un rombo verde claro con un círculo partido azul, que cuando lo mirabas, era como si te hipnotizara. Recojo el libro, preguntándome qué contendrá, recojo también la linterna y emprendo el camino de regreso. Es muy raro, sentarte encima de una roca y que se derrumbe, encontrar un libro dentro y con un colgate hipnotizante en la tapa. Hecho una última mirada a la caverna y veo algo que no logré ver antes, un resquicio oscuro en una esquina de la cueva. Vuelvo a entrar y me dirijo hacia donde había visto el hueco. Meto una mano y no toco nada. Meto un pie y no tropieza con nada. Al final, me rindo y consigo meterme toda por el resquicio y salgo a una cueva todavía más grande, con símbolos iguales que el símbolo hipnotizante que tenía el collar. Un rombo verde claro con un círculo azul partido dentro. Muy hipnotizante. Observo la estancia durante un buen rato, toco todas las paredes, para ver si hay algún pasadizo secreto, pero no encuentro nada más que polvo y estornudos por mi parte. Me acabo de acordar de que soy alérgica al polvo. Uf; espero no llenarme de ronchas rojas y hincharme como un globo. Eso sería espantoso. Sigo avanzando un poco más por la estancia oscura, iluminada por unas antorchas marrones colgadas en las paredes. Escucho un leve rumor. El leve rumor se convierte en un ruido de pasos. El ruido de pasos se convierte en una voz. Una voz familiarmente conocida. Una voz cálida y agradable. Una voz que te envuelve. - ¿Sigues siendo alérgica al polvo, Nana? Me estremecí al escuchar esa voz. $NANA$

Scene 6.

Me relajo en el frío suelo de la caverna y cuento ovejitas.
Una ovejita.
Dos ovejitas.
Tres ovejitas.
Cuatro ovejitas.
Cinco ovejitas.
Entonces se escucha un ruido.
Otro ruido más. Una sombra se está deslizando por los pasillos de roca.
Escucho ruidos como si una serpiente se deslizara por los suelos.
Aguzo el oído a ver si escucho algo más pero no consigo escuchar nada.
Veo como algo que estaba en el suelo se agranda hasta convertirse en una figura humana.
Estoy tan asombrada que no logro escuchar bien una voz que susurra mi nombre.
"Nana.... ¡Nana!.... "
Al final logro oír un leve rumor de voz y me fijo más.
- Nana....
- ¡Sí!
- Eres tonta.
Entonces sí que me extraño.
- ¡Cállate! ¿Por qué dices eso? ¡Dime quién eres!
- Uf, qué niña más tonta. Sí no fuera porque lo ha dicho el jefe...
Soy Mey.
- ¿Qué jefe?
- Mañana. Ahora coge el dichoso cuchillo y ayúdame a quitar estos barrotes.
En unos minutos de forcejeo estuve fuera la caverna. Busqué en el bolsillo de mi sudadera y al final encontré lo que buscaba; el paquete de galletas Chips Ahoy.
Lo abro y empiezo a comer con ganas; estoy muerta de hambre. Sigo a Mey por un montón de pasillos y lúgubres túneles de roca.
Al final llegamos a una cueva gigante, como llena de minerales. Mey se quita su traje negro y lo deposita sobre una mesa de minerales.
Se pone una cinta de pelo rosa de flores y después, con toda la tranquilidad del mundo, se sienta en una silla y me dice que me siente en otra.
Yo me quedo mirándola unos minutos y después decido hacerle caso y sentarme.
- ¿No querías tener respuestas? Adelante.
- Muchísimas.
- Dispara.
- Lo primero. ¿Qué hago yo aquí?
- Ser una nueva recluta.
- Me parece que me estás liando más de lo que ya estoy. ¿Qué es una recluta?

Mey suelta una carcajada.
Coge un paquete de cigarrillos que había en la mesa, y con toda tranquilidad, se levanta y parece que busca algo en unas bolsas que hay colgadas en las paredes.
En una bolsa encuentra lo que andaba buscando.
Un mechero.
Coge un cigarrillo de la caja y la deja en su sitio.
Se sienta y prende fuego a un extremo del cigarrillo.
Me pregunta si fumo.
Niego con la cabeza.
Sonríe y se encoje de hombros.
-En fin... - empieza diciendo - un recluta es una nueva persona de nuestra organización. Nuestra organización se llama Pink Nana. O sea, PN. Es posible que te hayas fijado en algunas pintadas que hay en algunos lugares en concreto, como la pared que atravesamos con el coche, tu pupitre o algunos otros lugares.
- ¿Porqué la organización se llama Pink Nana ? ¿Porqué lleva mi nombre?
- Nana, llevamos siglos buscándote. ¿No lo entiendes? Naciste con un don, Nana. Y ese don está hecho para que estés con nosotros. Junto a nosotros. Nosotros seremos tu vida a partir de ahora.
- Vosotros no podéis decidir por mí.
-Nosotros no elegimos por ti, fue el Gran Rey quien eligió por ti. Estabas destinada a esto. A una vida junto a nosotros.
- ¿Y si yo no quiero estar con vosotros?
- Nana,¿ has estado a gusto en algún sitio alguna vez? ¿sabes por qué no puedes ser feliz en otro sitio? Porque nos perteneces. ¿Tienes más preguntas?
- ¿ Porqué me pusisteis ese fluido que me adormeció cuando atravesamos la pared ?
Entonces otra voz dice:
- Eso sólo te lo podremos contestar sí entras en la organización.


Éste era Serte. Mey coge otro cigarrillo y se lo da a Serte, que se lo mete en la boca y a continuación Mey se lo enciende. Yo me quedo mirándoles pensando en todo lo que me ha contado Mey acerca de la organización. Miro toda la cueva con atención a ver si hay alguien. Pero a excepción de un montón de estanterías y aparatos de los que no entiendo, no hay menor signo de vida. Miro con atención los rincones; negros y oscuros. Sería el escenario perfecto para un túnel del terror. Hay telarañas por todas partes y muchísimas colillas de cigarros, bichos y rocas. Los dos empiezan a cuchichear y reírse. Me pregunto que les pasará. Ahora me fijo en que hay una pared llena de armas. Dios mío. Me está entrando miedo. Entonces Serte dice: - Te llevaremos a tu nueva habitación. - Pero... ¿ qué pasará con mi madre ? ¿ y con mi padre ? No me puedo quedar, lo siento. Me levanto y empiezo a caminar lentamente hasta un túnel que salía de esta cueva. - Nana, sabes perfectamente que te puedes quedar. Los de el orfanato están tan hartos de ti que ni siquiera se preguntarán dónde estás. Tiene razón. No tengo padres. Murieron cuando era pequeña. Ni yo sé cómo murieron. Me da muchísima rabia pensar que alguien sabe todo de mí. Parece cosa de magia, aunque en comparación con lo que he visto hoy... - Tienes razón, acompañarme a mi habitación. Seguí a Mey por una infinidad de pasillos, y al final llegamos a una puerta de madera. Ponía: PINK NANA Sí que esperaban que llegase. Ahora que lo pienso, su organización se llamaba PN, o sea PINK NANA. Todo estaba planeado. Cerré los ojos y pensé cómo sería mi habitación. Seguro que sería mejor que la del orfanato. La del orfanato era oscura, sin luz, olía mal y sólo tenía una cama y un cuadro viejo lleno de telarañas. Mey abrió la puerta y vi una estancia luminosa, con muchas ventanas, las paredes azul cielo, baldosas azul claro. Tenía una cama que parecía muy cómoda, con el cubre lila flojo. Encima de ella había una BlackBerry. También había una cómoda de madera oscura, y una televisión bastante grande sobre ella. La habitación tiene un montón de cuadros, pero éstos sin telarañas. Había un armario grande empotrado contra la pared. Aunque no tenía nada de ropa que guardar en él. Junto a la cama, había una mesita de noche de madera carita. También tenía baño y una cocina. En el baño había un espejo grandísimo, una bañera de alucine, una pila y un váter normal. En la cocina había un microondas, una batidora, una nevera, un horno y muchísimas cosas más. En la nevera había todo tipo de alimentos. Desde chocolate hasta lechuga. Mey dijo: - Tus geles favoritos y tus champues preferidos están en el baño, puedes darte un baño. También hay una cosa especial para hacer burbujas que no sé como se llama - Mey hace una mueca y sigue hablando - la comida es a las 14:00 y la cena a las 21:30, el desayuno y la merienda te las haces tú, hay toallas y las cosas de baño en la cómoda, en el primer cajón, y ropa nueva en el armario. La BlackBerry que hay en tu cama es para ti, toqueteala un poco y familiarizate con ella. Tienes ropa nueva en el armario para que lleves diariamente, espero que te guste y bienvenida a la organización PINK NANA. Me guiña un ojo y desaparece por la puerta. Empiezo a investigar el apartamento. Está todo como dijo Mey. Enciendo una radio que había en la mesita de noche y la dejo puesta. Elijo una toalla y mis geles y champues preferidos y me quitó la ropa. Hago burbujas y me meto dentro de la bañera. Me pongo a cantar mal entonada una canción que nos solían poner en el orfanato cuando nos levantábamos. Salgo y me seco. Me pongo mi crema en mi pelo rubio liso y me lo envuelvo con una toalla. Me envuelvo el cuerpo con otra toalla y salgo del cuarto de baño. Me quito la toalla y me cepillo el pelo. Cojo una pinza y cuando iba a ponérmela en el pelo, se me cae debajo de la cama. Me agacho y subo el cubertor de la cama para ver bien debajo, y descubro que hay una alfombra negra debajo. Recojo la pinza y quito la alfombra de debajo de la cama. Encuentro una trampilla secreta debajo de ésta que parece que me esté diciendo: 'ábreme' $NANA$

sábado, 7 de septiembre de 2013

Scene 5.

Me acabo de acordar de que me dan miedo las alturas. Y que me mareo, me desmayos y vomito con ellas. Bien. Además, moriré vomitando. Que asco. Menuda manera de morir.
Entonces, cuando estoy a punto de chocar contra el suelo, noto como si el suelo fuera de algodón de azúcar. Blandito, mullidito... Y casi lo pruebo. Seguro que estaría buenísimo.
Esto es totalmente irreal. Como si hoy no me hubieran pasado suficientes cosas raras. Me quedó tumbada unos minutos, disfrutando de lo mullidito que estaba ese improvisado colchón. Mejor que los de cualquier tienda.

Entonces, por un rinconcito del que no me había fijado, sale una figura negra. Me pregunto quién será. Se acerca y empiezo a preguntarme si no será Mey. No creo que lo sea. Lleva todo el cuerpo cubierto de unas extrañas ropas negras de lycra. Me coge y se me hecha al hombro, y yo me pregunto quién puede ser para cogerme con tanta facilidad. No reacciono por la impresión, y aunque estuviera lista y preparada para la acción, no podría hacer nada a causa del fluido. Me lleva por mil túneles, estrechos, largos, amplios, cortos, rocosos... y se mete por tantos resquicios, que al final me acabo durmiendo sobre su hombro. Al cabo de un rato, que a mí me parecieron horas, pero que seguramente sólo habría pasado media hora, me despierto con un ruido de unos gritos. -¿ Dónde puñetas está ? -A mí no me grites, ¡Yo estaba trabajando nuestra empresa en el ordenador! Desde luego, este último era Serte. Y sin duda, estaban hablando de mí. Y seguro que ahora me estarían buscando por toda la cueva y echándose las culpas los unos a los otros. Y puede ser que el ninja ese vestido de negro me hubiese encerrado en una especie de cueva con unos barrotes en la entrada. Bueno, puede ser no. ESTOY encerrada en una especie de cueva con unos barrotes en la entrada. Y también podría ocurrir que yo me estuviera preguntando en voz alta a mí misma que por qué me está pasando esto a mí. Y le estoy contando mis penas a un montón de huesos que tengo al lado. Estaba yo en plena conversación con el montón de huesos (que es la persona, viva o muerta que me ha escuchado más tiempo) cuando pasaron por los barrotes de la entrada Serte y Mey gritando. Ay, por fin han llegado ya. Ya era hora. Mi jaula no tenía cerrojo. Y ahora me doy cuenta de que los barrotes están hechos de huesos humanos. ¡Puaj! Y pensar que los he tocado. Empiezo a gritar sus nombres y en unos pocos segundos están detrás de los barrotes. Me acerco a ellos y me pongo a gritar como una loca. - ¿Quién era ése? ¿¿Que estoy haciendo en una especie de celda de huesos?? ¡¡Merezco una explicación!! Mey resopla y contesta: -No es momento de explicaciones ahora, el ninja ese que tú dices es dueño del sueño de algodón y de estas cavernas. No sabía que eras tan tonta como para caerte en la caída -dice Mey medio divertida, medio enfadada - por la noche trabajando sacamos de aquí-. Me siento desfallecer. Entonces Mey empieza a hurgar en su bolso. Saca unada mano cerrada en puño y me dice que saque la mano. Le extiendo la mano abierta extrañada y un poco dubitativa. Ella me vierte lo que contiene su mano en la mía. La cierro y miro lo que tengo en la palma de mi mano: un puñado de caramelos. - Serte, mira a ver si llevas algo. Serte mira en sus bolsillos y me lanza una bolsita de Chips Ahoy. Lo alcanzo al vuelo y me la meto junto con los caramelos en el gran bolsillo de mi sudadera roja. Le digo a Mey: - ¿Para qué es toda esta comida? - Para que aguantes hasta esta noche. El ninja no te dará nada. Se escuchan unos ruidos metálicos y unos pasos. -Viene alguien, ¡Marchaos! Mey tiene el tiempo justo de escribir una nota en un Post-It usado y reciclado que encontró en su bolso. Presa del pánico, estruja el Post-It usado y me lo lanza. También me tira el lápiz aunque no sé para qué, y casi me alcanza un ojo. Logro coger el lápiz y la nota a tiempo justo un poco antes de que el ninja se asome por los barrotes. Entonces empieza a cantar unos cánticos rarísimos para mí y empiezo a creer que me va a comer o algo parecido. Estoy muy asustada. Sí decide comerme, moriré por tercera vez. Nunca creí que diría esta frase. Suelto una carcajada. ¿Que más puedo hacer? Me tumbo en el suelo rocoso de la caverna y, de repente, un cuchillo vuela por encima de mí clavándose en la pared rocosa. Contento la respiración. No me lo esperaba. El pulso me va a mil. Me giro hacia el ninja y veo que no hay nadie. Qué raro. Espero unos diez minutos por sí acaso vuelve y entonces desenvuelvo un caramelo y guardo el envoltorio en el bolsillo de mi pantalón vaquero. Era de Pictolín. El de miel y limón. Estoy saboreando el caramelo, que es lo primero que he comido en todo el día, cuando me doy cuenta de que aún no he leído la nota. Tanteo en el bolsillo gigante de mi sudadera y encuentro la nota hecha una bola arrugada. La aliso un poco y empiezo a leer. Dice así: Hola Nana. (¿Cómo sabe mi nombre?) Tendrás todas las respuestas mañana por la mañana, si es que estás despierta. Como bien supondrás, tenemos un secreto. Un gran secreto. Y nos conviene tenerte a tí dentro. Y tú sabes muy bien por qué te queremos, ¿verdad? Tú también nos estas ocultado un secreto. Y ese secreto es grande. Muy grande. Tal vez más grande que el nuestro. Buenas noches, coge el cuchillo y empieza a cortar los barrotes. Mey~ Madre mía. Si ya estaba asustada, ahora que sabían mi secreto estaba todavía más. Esto era horrible. Debían de saber muchísimo sobre mí. Desde mi nombre, hasta el secreto que tengo. Ese secreto que tengo que me ha hecho que me expulsen de unos cinco colegios cada año. Ese estúpido secreto que por su culpa, hoy he estado unas tres veces a punto de morir. ¡Puñeta! Sí no fuera por culpa de ese secreto, no habría estado en una camisa de fuerza en un reformatorio infantil. Y es este secreto y sólo este, un poder secreto que me gustaría no haber tenido nunca, un secreto que gracias a él puedo hablar con mi abuela y mi abuelo. Todas las noches. Puedo hablar con los muertos. $ NANA $

Scene 4.

Aún stoy pensando en lo que pasó ayer, o hace unas horas, o unos minutos.

No sé cuanto tiempo ha pasado desde que estoy inconsciente.
¿Minutos, horas, días,   semanas...? Me parece que no lo sabré nunca.
Cuando desperté seguía igual que antes. Tumbada en el suelo de una cueva. Con la misma sudadera roja, los mismos vaqueros, mi pelo rubio y liso mis zapatillas adidas rosas y aún con el efecto del fluido en mi cuerpo. Miro a mi alrededor y no veo nada interesante. Rocas; rocas y muchísimas más rocas.Consigo levantarme dificultosamente y me dirijo a una sala que estaba a mi derecha. Entro y me encuentro a Serte tecleando en un súper ordenador unos datos que para mí son indescriptibles.
Serte no me ve, está enfrascado en la lectura de los datos del ordenador.
Hay unas estanterías gigantes al lado del ordenador, llenas de libros con títulos raros y en otros idiomas. No veo a Mey por ningún lado.
Estoy muy mareada. Sigo andando por detrás de Serte y él no se da cuenta.
Llego a una gran sala, con un montón de rocas apiladas en un gran montón, y un pasadizo. Lo sigo durante un buen rato y de repente el camino se separa en dos pasadizos distintos.
No sé cual escoger. Los dos están oscuros. Al final cojo el de la izquierda, porque yo suelo coger

el de la derecha siempre, pero pensé que tendría que cambiar alguna vez. La derecha es como las personas blancas, y la izquierda es como los negritos. Si eliges siempre la derecha es como ser racista. Para mí. Así que seguí por el camino de la izquierda, porque yo no soy racista. Pronto me encuentro en un gran pasillo largo y amplio, y parece que no tenga fondo. Siempre son un montón de rocas por todas partes. Camino muy mareada. Aún me dura el efecto del fluido. Parece que esté en un sueño. Veo cosas de colores y cuando cierro los ojos veo formas raras. Cuando camino se deshacen algunas piedras del suelo. Para comprobar que no era efecto del fluido, le pego una patada a una roca gigante y se deshace en mil pedacitos. Parece que no ha pasado nadie por aquí en muchísimos años. Empiezo a pensar que esté camino no era el correcto. Entonces, de pronto, ratificado mis pensamientos, resbalo y me caigo. Hay un precipicio delante de mí. Me caigo por el precipicio. Si no me he muerto ya, ahora me moriré seguro. Caigo en picado desde el precipicio. Bien. Ya es la segunda vez que 'muero' hoy. Nunca creí que diría ni pensaría esto. Es raro como tu vida da un giro de 180° una mañana normal. Tú te despierta un día y no piensas 'hoy me voy a morir dos veces'. Lo raro es que tú nunca piensas que te va a pasar a tí. Caigo y caigo en este agujero sin fondo. Es como una caída libre en un parque de atracciones. Pero sin protección y asegurando una muerte segura. $NANA$

Scene 3.

Quedan unos pocos segundos para que el coche choque contra la pared de ladrillos. Ahora me fijo en que en la pared de ladrillos hay una pintada en para que pone "PN" . Pero ¿qué importa eso ahora? Cierro los ojos y me imagino la vida en el cielo. Mi vida de muerta. Aunque yo no creo en Dios. ¿ Realmente está sucediendo esto ? Me pregunto por qué tuve que aceptar la invitación de la chica punk, o gótica, o emo, lo que fuera. Y encima el chico ese, el que era un poco afeminado. Me habría gustado volver atrás. Cierro los ojos y cuento ovejas. Parece que nunca vayamos a chocar. Alomejor es culpa de Dios. Pestañeo una última vez y entonces se produce la colisión.
Abro poco a poco los ojos. No he sentido nada al chocar. Al menos ha sido rápido. Es curioso como un día te levantas normal, como siempre, y que la vida cotidiana te lleve hasta la muerte. Aunque, esto sólo lo piensan los muertos. Tú ese día no te levantas y dices: "hoy me voy a morir" y sigues tú vida tal cual. No, tú te esconderías debajo de la cama. Yo también haría lo mismo, pero claro, tú no sabes que ese día vas a morir. Entonces, me pregunto: ¿ el cielo es negro ? Porque yo veo paredes negras. No completamente negras, sino un poco curvas, como si fuera una cueva. Que extraño. Entonces me armo de valor y me dispongo a decir si hay alguien.
Tartamudeo.
- ¿Hay a-alguien a-ahí?
Se oyen unas carcajadas.
Carcajadas de dos personas.
"No tiene ninguna gracia" pienso.
No es lógico que te mueras y aparezca Dios ante ti riéndose. No, no es normal.
Aunque puede que no sea Dios.
Puede que sea alguien que está muerto que tiene un sentido del humor negro. Puede ser. Pero no consigo verle.
Entonces aparecen dos personas, pero yo aún las veo borrosas. Empiezo a distinguirlas un poco.
Primero veo a Mey. ¿ Será que ella también está en el cielo ? Intento preguntarselo, pero me veo demasiado aturdida. Sin embargo ella me entiende.

Se ríe y me contesta que no. Hurga en su bolso negro y saca una bolsita de plástico un poco más grande que si contuviera un lápiz. - ¿De dónde lo has sacado? Pregunta Serte. - Eso no te importa. Saca una jeringuilla y me la inserta en el cuello. Tengo el tiempo justo de decir: - ¿Qué estás ...? Y ahí hizo efecto el fluido que contenía la jeringuilla y perdí el sentido. $ NANA $