De aquella noche no recuerdo mucho. Parecía que me hubieran suministrado un sedante. Recuerdo haber sido transportada a otro lugar, con muchos tramites, y, después, ya me dormí profundamente y tranquilamente en una cama.
De aquello recuerdo poco pero por la noche noté la presencia de alguien mientras yo dormía. Una presencia increíblemente malvada, arisca y que no precisamente quería nada bueno para mí.
Pero aún así, no me desperté.
***
Encima de la mesita de noche esta el puñal, esperando con ansia ser utilizado.
Lo miro con recelo.
No me apetece levantarme de la cama ahora. Estoy muy bien así.
No tengo sueño pero no tengo ganas de levantarme.
Suspiro.
Me levanto.
Me pongo un pantalón cómodo de chándal y una camiseta de manga corta gris.
Desconozco la habitación en la que estoy. No sé dónde estoy. Es una habitación básica, como la de un hotel.
Me siento en la cama. Es azul.
No me siento cómoda. Noto una presencia que no me gusta en esta habitación. Como si fuera a salir algo de las paredes.
Miro a mi alrededor. No hay nada raro, pero no me siento bien.
Miro a los lados y me dejo caer en la cama.
Entonces alguien llama a la puerta.
Toc
Toc
Toc
Toc
Toc
Toc
Toc
............
............
Me decido a abrir la puerta.
Está David.
Con una sonrisa entra.
-¡Buenos días!
-Hola.
-Te veo deprimida.
No le contesto.
Empieza a caminar por la habitación .
- ¿No te gusta tu nueva habitación?
- No es eso.
- ¿Y bien...?
- ¿Para qué me habéis traído aquí? ¿Quienes sois?
- Tenemos un único propósito. Protegerse a ti, Nana.
- ¿A mí? ¿Por qué?
- No seas tonta y no ignores lo obvio.
Sale de la estancia y cierra la puerta tras de sí.
Suspiro lánguidamente.
Claro que sé a qué se refiere.
Yo tengo una peculiar habilidad, hablo con los muertos.
Pero ¿ de qué me quieren proteger o de qué?
Eso no me lo han dicho.
¿Y ahora qué hago?
Me levanto de la cama y exploro todos los rincones de la habitación. No noto nada desigual en las paredes. Todo está aparentemente normal. Tanteo todos los huecos y pego golpes en algunos trozos para ver si están huecos. Llego al lugar dónde está colocada la cama. Está subida encima de un escalón. Eso ya es un poco raro. Golpeo el escalón. Para mi sorpresa, suena hueco.
El corazón me palpita cada vez más rápido.
Ya hacía demasiado tiempo que no descubro nada por mí misma, así que estoy contenta de haber descubierto que el escalón sonaba hueco.
Tanteo el escalón, pero para mi desilusión no descubro nada fuera de lo normal.
Entonces llaman a la puerta.
Corriendo dejo mi actual tarea y me siento en la cama.
- La puerta está abierta.
Entra entonces Mey y me mira con cara rara.
- David me había dicho que estabas triste, y yo no te encuentro la tristeza por ningún lado.
- David miente.
- No, no lo hace.
Me callo, para poder pensar cómo replicar a su contestación.
- ¿Estás segura?
- Completamente.
Me callo otra vez, esta vez no para pensar en cómo responder, si no porque me he fijado que a Mey los ojos se le estaban poniendo lagrimosos, como cuando pelas cebolla.
Se sienta a mi lado, en la cama, y yo decido no preguntar.
Entonces ella se levanta y me dice:
- A la hora de comer vendré a buscarte.
Me encojo de hombros.
Sin preocuparse de cerrar la puerta, Mey sale, y por el ruido que hacen sus pasos adivino que se ha marchado corriendo, seguramente a su habitación o a llorar al hombro de David, quién sabe por qué.
Y yo sigo con mi tarea.
Me arrodillo cuando bajo el escalón y empiezo por segunda vez a tocarlo. Lo golpeo una y otra vez, por todos los lados.
Entonces, cuando iba a dar por acabada mi tarea, me levanto y le pego una patada en un lado al trecho del escalón. Este trozo de escalón se retira lentamente, dejando un círculo perfecto como agujero, donde apenas cabría un palmo de mano.
Ahogo un grito.
Sin pensar, me acerco rápidamente y, cuando iba a introducir mi mano por el agujero, sólo entonces, pensé:
" ¿ Y si hay bichos? "
Esta suposición me hizo retirar la mano rápidamente y pensármelo dos veces.
Me dan un tremendo pánico los bichos.
Hecho un vistazo rápido a la habitación a ver si había un guante de látex o algo parecido, aunque sería muchísima coincidencia.
Aunque, para coincidencias, las que había tenido yo en los últimos días.
No había ningún trozo de papel servible.
Entonces pensé:
" ¡Papel de baño! "
Y ahí es, cuando, cutremente, me enrollé el papel de baño en una mano.
La introducí por el orificio y tanteé.
No había nada interesante, era todo plano, era como un hueco rectangular.
Entonces descubrí un bulto, un rollo de... ¿pergamino?
Lo saco.
Es un papel un poco ennegrecido, amarillento, un poco roto por algunos lados y con un lazo azul eléctrico enrollándolo.
De repente, el círculo que había abierto accidentalmente, se cierra silenciosamente, pero yo, no tan silenciosa, pego un grito que no me pude contener.
Entonces, rápidos como el rayo, se presentan en mi puerta unos preocupados y asustados Mey y David, y tal vez con una pizca de temor, pero... ¿ serían estas sensaciones por mí ?
Tocan a la puerta varias veces, pero yo, presa del pánico, no sé qué hacer, pero por suerte estaba echado el cerrojo.
Atemorizada, escucho a David:
- Voy a tirar la puerta abajo.
Entonces por fin reacciono, salgo corriendo y me encierro en el baño.
Escucho unos golpes, es David intentando tirar la puerta.
En el baño hay cerrojo, así que lo corro.
Me desprendo del papel que llevaba en las manos y lo tiro a la papelera, después, agarro el pergamino y lo meto en el armario de cosas de baño.
Entonces grito:
- David, no eches la puerta abajo, ya abro.
Voy corriendo y descorro el cerrojo.
- ¿Por qué has gritado, Nana? Estábamos preocupados por ti.
- Es que estaba en el baño haciendo pis y de repente se ha activado la cadena, sin que yo apretara, y me he asustado, chicos no pasa nada.
Suspiran aliviados y se marchan.
Les he contado una mentira gigante, pero parece que se la han creído, mejor.
Entonces una voz interrumpe mis pensamientos.
- Te llevaré la comida a la habitación, que no podemos ir a comer donde queríamos.
Era la voz de Mey, claro.
- Vale.
Mejor.
Me quedo pensando y al final decido que exploraré el pergamino después de comer.
Al poco rato viene Mey con una bandeja llena de comida, la deja en la cama y me susurra un:
- ¡Bon apetit!
Le doy las gracias y se va.
Suspiro tranquila, como rápidamente y busco el pergamino.
Lo encuentro al poco rato y con él entre las manos, me tumbo en la cama decidida a averiguar el misterio que me traía el viejo, enigmático y misterioso pergamino.
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