miércoles, 11 de septiembre de 2013

Scene 10.

Así que un puñal, ¿eh? Qué casualidad. Miro mi armario. No... Es imposible. Me río de lo que acabo de pensar. Es una tontería. Seguro que es una pura casualidad. Me vuelvo a reír. ¿Cómo podría haber pensado en semejante memez...? Vuelvo a mirar el armario. Ahora lo miro seria. ¿Podría...? No. Es una tontería. Me pongo seria. Hay que centrarse. Suspiro. Lalalalalalala. No quiero pensar. En concreto, no quiero pensar más en el puñal. ¿Y qué hay que hacer para no pensar en nada? ¡Un baño en mi grandísima bañera! Yuuupiiii. Con muchas, muchísimas burbujitas. Me meto dentro. Oh, no. Me he equivocado. El baño en mi grandísima bañera era para pensar, no para no pensar. Así que, a pensar se ha dicho. Oootra vez a pensar en el dichosito puñal. Bien. Muy bien. Está decidido, esta noche exploraré el armario. ¿Y por qué esta noche? No lo sé, pero la niña esa iba por la noche. Así que fui a echarme una siesta. Pero claro, cuando duermes sueñas. ¿Y en qué sueñas? Pues en las cosas que más has pensado durante el día. Había soñado, cómo no, con el puñal. Un flashback. Tenía el mango de cuero, con jade y otras piedras preciosas incrustadas. Estaba en mi mesita de noche... Entonces, otro flashback. Me veo a mí misma clavándoselo a un hombre en el corazón. ¿Quién sería aquel hombre...? De pronto, tuve una corazonada. Podría ser otro mensaje en clave de la organización. Pero... ¿Cómo podrían haber entrado también en mis sueños y el la televisión? Así que quité toda la ropa del armario y empecé a tantear el fondo. Nada. De pronto, una protuberancia sobresale de la lisa pared. Parece una especie de pestaña. Estiro, y, como por arte de magia, se abre un pequeño cajón horizontal. Tiene la forma exacta de un rectángulo. No me lo puedo creer. Cojo la linterna roja y alumbro el pequeño cajón escondido. No se ve nada de lo normal. Qué patético. Suspiro. Cierro la pestaña. Vuelvo a meter toda la ropa en el armario y lo cierro. Suspiro otra vez Es una tontería. Seguro que alguien lo gastaba antes de mí para esconder sus cosas más preciadas y pequeñas. Dinero, joyas, llaves... Alomejor es una cámara oculta. No, es imposible. Me río. Si lo fuera, ¿cómo se explica el algodón? ¿y el coche y la pared? Me río a carcajadas. Me tiro en la cama riéndome. Sólo entonces caigo en la cuenta de que ya son las 21:20. Me quedó boquiabierta. Cómo pasa el tiempo. Así que me visto volando, cojo la linterna y al comedor. Llego al comedor, y allí estaba Mey con su sonrisa amistosa de siempre. Me saluda. Le saludo. Me siento en su mesa. -¡Hola! -Buenas noches, Nana. Sonrío. Me sonríe. Me cae muy bien Mey. Llamamos al chef y pedimos el menú del día. Nos traen langosta. ¡Ni que fuéramos reinas! Entonces, entra Serte al comedor. -¡Hola! Me mira enfadado y gruñe. Me dirige miraditas furiosas y frías hasta que se sienta y se distrae con el chef. También pide el menú del día. -Discúlpame un momentito, Nana. Me sonríe amigablemente. Le contesto a la sonrisa con otra sonrisa. - Claro. Mey se dirije hacia Serte, se sienta en su mesa y le habla en voz baja al oído. Entonces Serte grita: - ¡Me da igual si sospecha algo! Mey le hace un gesto para que se calla y , enfadado, obedece. -Cállate si de verdad sabes quién es el jefe. Le dice Mey en tono de reproche y enfadado. Entonces se dirije hacia mí, con una sonrisa en la cara. Después hace una mueca. -No le hagas caso, no se ha tomado su pastilla y está de mal humor, e incluso dice cosas sin sentido. Se sienta otra vez en la mesa. Me sonríe. Le sonrío. Me acabo lo que me queda de comida muy rápido, tengo muchísima hambre. Me despido de ella. Cuando iba a salir, noto que una mano me asia el hombro. Doy un respingo. Suspiro, sólo es Mey, leer ha conseguido asustarme. -Nana, nada es lo que parece. Nana, repito, recuerda, nada es nunca lo que parece. Cuando me giro a preguntarle qué me quería decir con eso, no estaba. Sólo había un Serte más enfadado que antes mirándome con fijeza. Me encojo de hombros y me voy. Después de un largo trecho de caminos de roca, llego a mi habitación. "Nada es lo que parece" Me repite mi cabecita todo el rato. "Nada es lo que parece" Sin duda tiene que referirse al rinconcito del armario. Vuelvo a sacar toda la ropa del armario y estiro de la pestañita. Igual que siempre. Dejo la ropa en la cómoda y cierro el armario con el rincón abierto. Pero el armario cerrado. Apago las luces y me tumbo en mi cama. Inconscientemente, miro las estrellas. Están formando algo... ¿¡Una flecha!? Señalando para el armario. Lo abro. Una luz se cuela por el pequeño rincón pero no consigo verla. Me agacho y veo algo que no había visto antes, otra pestaña en la parte de arriba del rincón secreto. Sin poder aguantar más, estiro. Toda la pared del armario gira. Y yo con ella. Salgo a una sala pequeñita, como una habitación normal. Se me ha olvidado la linterna en la habitación. Me hace muchísima falta. Pero... Algo brilla. Me quedo rígida. Veo unos ojos verdes y luminosos que me observan desde la oscuridad. $NANA$

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