sábado, 7 de septiembre de 2013

Scene 3.

Quedan unos pocos segundos para que el coche choque contra la pared de ladrillos. Ahora me fijo en que en la pared de ladrillos hay una pintada en para que pone "PN" . Pero ¿qué importa eso ahora? Cierro los ojos y me imagino la vida en el cielo. Mi vida de muerta. Aunque yo no creo en Dios. ¿ Realmente está sucediendo esto ? Me pregunto por qué tuve que aceptar la invitación de la chica punk, o gótica, o emo, lo que fuera. Y encima el chico ese, el que era un poco afeminado. Me habría gustado volver atrás. Cierro los ojos y cuento ovejas. Parece que nunca vayamos a chocar. Alomejor es culpa de Dios. Pestañeo una última vez y entonces se produce la colisión.
Abro poco a poco los ojos. No he sentido nada al chocar. Al menos ha sido rápido. Es curioso como un día te levantas normal, como siempre, y que la vida cotidiana te lleve hasta la muerte. Aunque, esto sólo lo piensan los muertos. Tú ese día no te levantas y dices: "hoy me voy a morir" y sigues tú vida tal cual. No, tú te esconderías debajo de la cama. Yo también haría lo mismo, pero claro, tú no sabes que ese día vas a morir. Entonces, me pregunto: ¿ el cielo es negro ? Porque yo veo paredes negras. No completamente negras, sino un poco curvas, como si fuera una cueva. Que extraño. Entonces me armo de valor y me dispongo a decir si hay alguien.
Tartamudeo.
- ¿Hay a-alguien a-ahí?
Se oyen unas carcajadas.
Carcajadas de dos personas.
"No tiene ninguna gracia" pienso.
No es lógico que te mueras y aparezca Dios ante ti riéndose. No, no es normal.
Aunque puede que no sea Dios.
Puede que sea alguien que está muerto que tiene un sentido del humor negro. Puede ser. Pero no consigo verle.
Entonces aparecen dos personas, pero yo aún las veo borrosas. Empiezo a distinguirlas un poco.
Primero veo a Mey. ¿ Será que ella también está en el cielo ? Intento preguntarselo, pero me veo demasiado aturdida. Sin embargo ella me entiende.

Se ríe y me contesta que no. Hurga en su bolso negro y saca una bolsita de plástico un poco más grande que si contuviera un lápiz. - ¿De dónde lo has sacado? Pregunta Serte. - Eso no te importa. Saca una jeringuilla y me la inserta en el cuello. Tengo el tiempo justo de decir: - ¿Qué estás ...? Y ahí hizo efecto el fluido que contenía la jeringuilla y perdí el sentido. $ NANA $

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