sábado, 7 de septiembre de 2013

Scene 5.

Me acabo de acordar de que me dan miedo las alturas. Y que me mareo, me desmayos y vomito con ellas. Bien. Además, moriré vomitando. Que asco. Menuda manera de morir.
Entonces, cuando estoy a punto de chocar contra el suelo, noto como si el suelo fuera de algodón de azúcar. Blandito, mullidito... Y casi lo pruebo. Seguro que estaría buenísimo.
Esto es totalmente irreal. Como si hoy no me hubieran pasado suficientes cosas raras. Me quedó tumbada unos minutos, disfrutando de lo mullidito que estaba ese improvisado colchón. Mejor que los de cualquier tienda.

Entonces, por un rinconcito del que no me había fijado, sale una figura negra. Me pregunto quién será. Se acerca y empiezo a preguntarme si no será Mey. No creo que lo sea. Lleva todo el cuerpo cubierto de unas extrañas ropas negras de lycra. Me coge y se me hecha al hombro, y yo me pregunto quién puede ser para cogerme con tanta facilidad. No reacciono por la impresión, y aunque estuviera lista y preparada para la acción, no podría hacer nada a causa del fluido. Me lleva por mil túneles, estrechos, largos, amplios, cortos, rocosos... y se mete por tantos resquicios, que al final me acabo durmiendo sobre su hombro. Al cabo de un rato, que a mí me parecieron horas, pero que seguramente sólo habría pasado media hora, me despierto con un ruido de unos gritos. -¿ Dónde puñetas está ? -A mí no me grites, ¡Yo estaba trabajando nuestra empresa en el ordenador! Desde luego, este último era Serte. Y sin duda, estaban hablando de mí. Y seguro que ahora me estarían buscando por toda la cueva y echándose las culpas los unos a los otros. Y puede ser que el ninja ese vestido de negro me hubiese encerrado en una especie de cueva con unos barrotes en la entrada. Bueno, puede ser no. ESTOY encerrada en una especie de cueva con unos barrotes en la entrada. Y también podría ocurrir que yo me estuviera preguntando en voz alta a mí misma que por qué me está pasando esto a mí. Y le estoy contando mis penas a un montón de huesos que tengo al lado. Estaba yo en plena conversación con el montón de huesos (que es la persona, viva o muerta que me ha escuchado más tiempo) cuando pasaron por los barrotes de la entrada Serte y Mey gritando. Ay, por fin han llegado ya. Ya era hora. Mi jaula no tenía cerrojo. Y ahora me doy cuenta de que los barrotes están hechos de huesos humanos. ¡Puaj! Y pensar que los he tocado. Empiezo a gritar sus nombres y en unos pocos segundos están detrás de los barrotes. Me acerco a ellos y me pongo a gritar como una loca. - ¿Quién era ése? ¿¿Que estoy haciendo en una especie de celda de huesos?? ¡¡Merezco una explicación!! Mey resopla y contesta: -No es momento de explicaciones ahora, el ninja ese que tú dices es dueño del sueño de algodón y de estas cavernas. No sabía que eras tan tonta como para caerte en la caída -dice Mey medio divertida, medio enfadada - por la noche trabajando sacamos de aquí-. Me siento desfallecer. Entonces Mey empieza a hurgar en su bolso. Saca unada mano cerrada en puño y me dice que saque la mano. Le extiendo la mano abierta extrañada y un poco dubitativa. Ella me vierte lo que contiene su mano en la mía. La cierro y miro lo que tengo en la palma de mi mano: un puñado de caramelos. - Serte, mira a ver si llevas algo. Serte mira en sus bolsillos y me lanza una bolsita de Chips Ahoy. Lo alcanzo al vuelo y me la meto junto con los caramelos en el gran bolsillo de mi sudadera roja. Le digo a Mey: - ¿Para qué es toda esta comida? - Para que aguantes hasta esta noche. El ninja no te dará nada. Se escuchan unos ruidos metálicos y unos pasos. -Viene alguien, ¡Marchaos! Mey tiene el tiempo justo de escribir una nota en un Post-It usado y reciclado que encontró en su bolso. Presa del pánico, estruja el Post-It usado y me lo lanza. También me tira el lápiz aunque no sé para qué, y casi me alcanza un ojo. Logro coger el lápiz y la nota a tiempo justo un poco antes de que el ninja se asome por los barrotes. Entonces empieza a cantar unos cánticos rarísimos para mí y empiezo a creer que me va a comer o algo parecido. Estoy muy asustada. Sí decide comerme, moriré por tercera vez. Nunca creí que diría esta frase. Suelto una carcajada. ¿Que más puedo hacer? Me tumbo en el suelo rocoso de la caverna y, de repente, un cuchillo vuela por encima de mí clavándose en la pared rocosa. Contento la respiración. No me lo esperaba. El pulso me va a mil. Me giro hacia el ninja y veo que no hay nadie. Qué raro. Espero unos diez minutos por sí acaso vuelve y entonces desenvuelvo un caramelo y guardo el envoltorio en el bolsillo de mi pantalón vaquero. Era de Pictolín. El de miel y limón. Estoy saboreando el caramelo, que es lo primero que he comido en todo el día, cuando me doy cuenta de que aún no he leído la nota. Tanteo en el bolsillo gigante de mi sudadera y encuentro la nota hecha una bola arrugada. La aliso un poco y empiezo a leer. Dice así: Hola Nana. (¿Cómo sabe mi nombre?) Tendrás todas las respuestas mañana por la mañana, si es que estás despierta. Como bien supondrás, tenemos un secreto. Un gran secreto. Y nos conviene tenerte a tí dentro. Y tú sabes muy bien por qué te queremos, ¿verdad? Tú también nos estas ocultado un secreto. Y ese secreto es grande. Muy grande. Tal vez más grande que el nuestro. Buenas noches, coge el cuchillo y empieza a cortar los barrotes. Mey~ Madre mía. Si ya estaba asustada, ahora que sabían mi secreto estaba todavía más. Esto era horrible. Debían de saber muchísimo sobre mí. Desde mi nombre, hasta el secreto que tengo. Ese secreto que tengo que me ha hecho que me expulsen de unos cinco colegios cada año. Ese estúpido secreto que por su culpa, hoy he estado unas tres veces a punto de morir. ¡Puñeta! Sí no fuera por culpa de ese secreto, no habría estado en una camisa de fuerza en un reformatorio infantil. Y es este secreto y sólo este, un poder secreto que me gustaría no haber tenido nunca, un secreto que gracias a él puedo hablar con mi abuela y mi abuelo. Todas las noches. Puedo hablar con los muertos. $ NANA $

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